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Viaje a Suiza (Parte I)

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INTRODUCCION

De nuevo Suiza como destino, igual que cuatro años atrás.

Aunque esta vez hemos tanteado varios destinos antes de llegar a decidirnos:

Ávidos de un destino de montaña, de clima fresco, empecé apuntando hacia los Alpes eslovenos (julianos), a los que luego sumé algo de Alpes austríacos y Tirol.

De repente nos ilusionamos con la posibilidad de un gran viaje a Alaska (el sueño irrealizado en 1.999). Y unos meses después volvimos a desestimar el destino, esta vez debido a la incertidumbre generada por la crisis económica, además de la desfavorable relación de cambio de nuestro euro frente al dólar americano: A finales de noviembre de 2.011 una caída del euro ocasionó un incremento de aproximadamente el 30% en los precios de los billetes aéreos.

Situación que se ha mantenido durante todos estos meses. Similar incremento debe ser aplicable a los precios en general, y en particular a las importantes partidas económicas destinadas a alquiler de autocaravana y excursiones.  

Parecía sensato abandonar una vez más nuestra quimera de Alaska, y apuntar hacia un destino europeo: Los Alpes. Redirigimos nuestras miradas hacia Suiza, un país en el que nos habíamos sentido muy a gusto al respirar su orden, pulcritud, puntualidad y educación.

Todo ello inmerso en unos impresionantes paisajes de postal, arropados por una desarrollada y cuidada infraestructura turística. Con numerosos medios de transporte que hacen fácil el acceso a glaciares y cumbres alpinas.

Así es que desempolvé las guías y mapas de Suiza que ya consultara en el 2008.

Descarté los ya visitados cantones de Berner Oberland y Valais (aún consciente de que son los buques insignia de los Alpes suizos, difícilmente superables), y delimité lo que iba a ser nuestro periplo.

Tras algunos recortes acabó por resumirse en una semana alrededor del lago de los Cuatro Cantones (o lago de Lucerna) y otra semana de ruta por los Grisones.

MENCIONES

Mención especial a algunos foreros con los que compartimos multitud de ideas para la preparación del viaje, como Pepi-Mataró, y Jan (culpable de la visita al castillo de Tarasp). Otros con los que llegamos a coincidir, biker04.

Amigos con los que planificamos encuentros durante el viaje: Marta i Jordi, también Carlos (k75), Esther y familia.

Y a Jorge, el gran maestro de los Alpes, “culpable” de provocar la curiosidad que dio como fruto nuestro periplo de una semana por el lago de los Cuatro Cantones (Xanquete22).

VIERNES 27 JULIO:  CENTELLES –  LAC DU MARANDAN(VERCORS):  515 KM

OPERACIÓN SALIDA


Nos hemos pedido vacaciones también hoy viernes. Durante la semana dudábamos entre salir ayer jueves por la noche, o bien esta mañana. Finalmente lo de salir por la noche nos dio pereza.

Nos levantamos a las 07:00. Desayunamos, cerramos la casa (se dice rápido, ¡vaya la de detalles!) y emprendemos ruta a las 9:20, con 25,6ºC de temperatura ambiente y 110.999 km. en el cuentakilómetros. Vamos, a punto de ver saltar los 111.000.

Elegimos los túneles de Bracons para salir del país. Es nuestra vía preferida para las salidas desde hace ya aproximadamente un año, a fin de evitar las interminables obras de ampliación de l’Eix Transversal.

En La Jonquera son patentes los escalofriantes efectos de los devastadores incendios que estos días han estado asolando el Alt Empordà. La visión inevitablemente sobrecoge. ¡Qué pequeños somos ante estos desastres y cuanto miedo hay que sentir al verse rodeado por el fuego!

Nos detenemos para tomar un tentempié en el área de “Le Village Catalan”, ya en Francia. Está en obras (se construye un nuevo aparcamiento para camiones) y nos ofrece una superficie mucho más pequeña de lo habitual. A Mateo le hacen la primera (de muchas) foto de este viaje.

Empieza el turno de conducción de David, mientras yo compruebo mi teléfono móvil, me inquieto al ver que no tiene servicio. El teléfono es nuevo, lo estrené el pasado mes de mayo. Al tiempo que cambié de compañía.

No había comprobado el servicio de roaming hasta ahora, y nos asalta la duda de si el servicio estará correctamente activado, temiéndonos tener que retroceder hasta la frontera para solucionar el asunto, ya que he dado mi número de teléfono como contacto en cámpings, excursiones, guardería para Mateo, etc.

Finalmente me doy cuenta de que sólo me falta activar el servicio desde el teléfono (anoche lo desactivé todo para que no me llegara una factura estratosférica de nuestra estancia fuera del país, y desactivé más servicios de la cuenta). O sea que aliviados, continuamos ruta.

Pese a ser viernes por la mañana, hay mucho tráfico de caravanas y autocaravanas que se dirigen, como nosotros, hacia el norte. Mayoritariamente llevan matrículas holandesas y belgas. Están regresando a casa, todo lo bueno se acaba…


Nos detenemos para repostar. Hay una buena cola esperando ante los surtidores.

Llevábamos ya unos kilómetros sin ver gasolineras.

Empezamos a vernos inmersos en retenciones acordeónicas, que no nos permiten avanzar los kilómetros que habríamos deseado. Pero estamos de vacaciones y queremos celebrarlo, deteniéndonos no muy tarde en algún cámping para cenar al exterior y descansar de tanto y tan monótono asfalto.

Así es que buscamos uno en ruta, y nos dirigimos al Parc de Loisirs du Lac du Marandan.

Está situado en el Vercors, en el departamento de Isère, y bordeado de muchos campos de nogales.

Tal comorezan los carteles de la autopista, anunciando “Noix de l’Isère”. Como suele ocurrirnos, la zona se merecería una visita, pero por hoy debemos conformarnos con pasar de puntillas.

En el cámping sólo queda libre una parcela de las grandes. Nos la quedamos sin dudarlo. Son aproximadamente las 19:00 horas.

Hay muchas familias instaladas en grandes tiendas de campaña. Y en bungalows de tela, tipo “Memorias de África”, muy sugerentes, con sus hamacas fuera. Desde el cámping se tiene acceso a un lago, al que también (en su caso previo pago) pueden acceder personas no alojadas en el mismo.

Sacamos mesa y sillas y cenamos fuera, en nuestra gran parcela. No me encuentro muy bien, supongo que debido al sueño, cansancio y nervios de los últimos días. Y al calor.

Cenamos, estamos a 28,9ºC a la sombra. De vez en cuando sopla el viento, y nos preguntamos si no acabará por llover.

Después de lavar los platos salimos a dar un paseo por la zona de baño del lago. Está muy bien acondicionada, con redes divisorias entre las zonas de distinta profundidad, playa de arena, iluminación artificial, etc. Las niñas se bañan los pies. Al poco oscurece y llega una familia, parece escandinava.

Sin titubeos se dan un baño. Pensamos que ellos deben tener por costumbre bañarse en sus lagos a cualquier hora. Algo de envidia sí dan.


Volvemos a la autocaravana. Hace bochorno. Sopla viento, pensamos que es posible que llueva, y recogemos el suelo de Bolon antes de irnos a dormir. Caen cuatro gotas, pero el ambiente no refresca. ¡Menos mal que el Viesa trabaja a nuestro favor!

Peajes: 3,05+25,20+24,90+5,10 €

Diesel: km. 111275, 1,520 €/litro, 39,48 litros, 60,01 €. / Consumo parcial 14,30 litros / 100 km

Camping: 42 €

SÁBADO 28 JULIO:  LAC DU MARANDAN(VERCORS) - COL DU GRAND-SAINTBERNARD: 356 KM

LLEGADA A SUIZA


Hemos dormido muy bien, frescos y tranquilos. David y yo nos levantamos a las 08:00.

Las niñas, sobre las 09:00.

Volvemos a colocar el suelo de Bolon y desayunamos al exterior, tranquilamente.

Las niñas se van a las duchas. Después damos un paseo por el lago, aunque Mateo no está autorizado en esa zona, y nos separamos.

Recogemos, vaciamos y llenamos aguas. Vemos una manguera curiosa, que necesita de una llave. Pregunto en recepción y me explican que el forfait camping-car no incluye el llenado, aunque les indico que hemos pagado por el forfait comfort, y no entiendo que no incluya el llenado.

Lo que ocurre es que la única manguera de la que disponen es para limpiar el químico (la manguera curiosa de la llave dosifica jabón en las lavadoras y bajo ningún concepto debemos usarla), por lo que sacamos la nuestra y llenamos. Estamos un tanto contrariados, aunque al cabo de un rato nos convencemos de que ha habido más malentendido que mala fe.

Salimos a las 11:50, con 24,6ºC y 111.514 km. en el marcador.

Llenamos diesel en una gasolinera local, a fin de aprovechar los precios, más favorables que en la autopista.

A ratos llueve.

Tomamos un pica-pica a modo de almuerzo, en un área francesa.

A los 15 km. entramos en Suiza por la frontera de Ginebra, donde compramos la viñeta al tiempo que muchos otros vehículos.


Rodeamos el lago Léman por la autopista, que a ratos circula encajada contra la montaña, con numerosos túneles y puentes.

Este año (no así en verano del 2008, ya que entonces no compramos la viñeta) empezamos a ser conscientes de las obras faraónicas que han debido suponer determinados tramos de autopista, o incluso vías de carril simple, que han perforado montañas para trazar el camino menos tortuoso posible.

Repostamos cerca de Martigny, y continuamos hacia el Col du Grand-Saint-Bernard.

Cuando llegamos hay una espesa niebla, y a ratos llueve. Vemos llegar otra autocaravana. Son biker04, con quienes hemos estado intercambiando impresiones en el foro. También pernoctarán en este lugar.

Despeja un poco y salimos a dar un paseo, aunque (para nuestra alegría) ya abrigados, con pantalón largo, botas y calcetines.

La perrera está cerrada, como ya imaginábamos, pues hemos llegado pasadas las cinco de la tarde. Por ello nos disponemos a pernoctar aquí y de esta forma visitar a los perros mañana (desde que tenemos a Mateo en casa el tema nos resulta más sensible), en lugar de pernoctar en el Furka Pass como era la intención inicial.

Contemplamos una serie de fotos en las que se ve a los clérigos del hospicio limpiando el paso de montaña en invierno.

  

Todavía vemos el lago y una tienda de souvenirs, de donde Aina sale con un peluche de  San Bernardo…Aunque no el más grande, que es mayor que ella y cuesta ¡ 250 CHF !.

Compramos algún otro detalle y regresamos a la autocaravana.

Cerca tenemos algún rincón con nieve, por lo que parece que esta noche  (afortunadamente) no deberíamos pasar calor. No en vano estamos a 2.473 metros de altura sobre el nivel del mar.


Cenamos, saco a Mateo a dar un paseo mientras la familia juega al Cluedo y nos metemos en la cama sobre las 23:00 horas.

Repostaje: km 111.518, 32,89 litros, 1,490 €/litro, 49 €

Repostaje: km 111.824, 37,78 litros, 2,095 CHF/litro, 79,15 CHF

Consumo parcial = 12,87 litros / 100 km

Souvenirs: 61 CHF

Peajes= 33,20 € + viñeta 40 CHF

Supermercado = 25 CHF

DOMINGO 29 JULIO:  COL DU GRAND-SAI NT-BERNARD –  ANDERMATT: 212 KM

VISITA A LA PERRERA,  PASES EN LA ESTACI ÓN DE MARTIGNY,  EL GOTARDO

  

David ha pasado mala noche, con dolor de estómago.

Nos levantamos sobre las 8:30 y nos duchamos mientras las niñas remolonean en la cama.

Luce el sol, aunque hay nubes altas cubriendo las cimas.

Salimos de la autocaravana, nos detenemos ante un grabado que ilustra el paso en mayo de 1.800 por este lugar de las tropas Napoleónicas, formadas por 46.292 hombres.

Vamos a visitar las perreras. Mateo no está autorizado, y aunque nos ofrecen una jaula para  dejarle mientras nosotros visitemos a los perros, optamos por entrar en turnos de a dos, y de esta forma no le dejamos solo.

Primero entramos Aina y yo. Vemos las jaulas con algunos perros, aunque la mayoría han salido a pasear.

Fuera de las jaulas hay un San Bernardo al que están peinando, y con el que los niños pueden fotografiarse. Le saco una foto con Aina.

  

Entramos en el museo, atentas a los carteles donde se explica el origen de la raza de los San Bernardo, y el hecho de que hoy en día la fundación Barry se ha hecho cargo de las perreras, participando en exposiciones caninas, y como criadores. Disponen de entre 15 y 20 cachorros con pedigrí cada año, que se reparten por todo el mundo.

Dentro del museo hay unas vitrinas con unos camastros, suponemos que allí deben dormir los perros en los meses de verano (ya que no pasan el invierno aquí). Vemos rápidamente el resto del museo, ya que David y Xènia nos esperan fuera.

Les relevamos, ahora entran ellos.

Aina y yo nos quedamos fuera con Mateo. Le sacan muchas fotos. Finalmente nos vamos a la terraza del bar y nos pedimos un “Chocolat Chaud”. Al rato llegan David y Xènia, quien también se apunta al chocolate. De vez en cuando luce el sol y se está de maravilla, ya que de lo contrario el ambiente es bastante frío.

Regresamos a la autocaravana y emprendemos el descenso del puerto, a las 12:47, con 11.870 km en el marcador y a 10,2ºC de temperatura ambiente.

Ayer vimos algunos puestos en la carretera donde vendían albaricoques del Valais, y tal como nos dijimos, nos detenemos en uno de ellos para comprar un kg. de la deliciosa fruta.

Llegamos a Martigny, queremos pasar por la estación de ferrocarril para sacarnos las Swiss Half Fare Card, además de una Family Card para las niñas. Igual que sucediera en el 2008, nosexpiden unas Junior Card, válidas por un año, con un coste de 30 CHF.

Que es lo que usan losniños suizos para el transporte. Les comento que lo que deseamos es la Family Card, gratuita ycon validez para un mes. La chica que tramita nuestros billetes comenta que eso sólo esposible con el Swiss Pass, pero esta vez estoy segura de que esto no es así. Su compañera leratifica que puede expedirnos las Family Card y todo queda aclarado.

Nos hemos acalorado en la estación y estamos hambrientas. Compramos unas Croque Monsieur (bikinis) para nosotras, y unos bastones de pan para David, que todavía no se harecuperado del todo de sus molestias intestinales.

Cruzamos la barrera idiomática entre la zona de habla francesa y la zona de habla alemana en una curva. Antes de pasarla, vendían Apricots, y justo después ya eran Aprikosen lo que estaba en venta.

Al cabo de un rato me toca mi turno al volante, aprovechamos la parada para repostar. El TomTom nos mete por una variante muy curiosa, una estrecha carretera local, hasta que regresamos a la ruta principal.

Nos desviamos hacia el Nufenen Pass, con una subida vertiginosa.


Desde lo alto hay bonitas vistas de un pantano y un glaciar. Y además es la frontera lingüística entre el alemán y el italiano.


Y ahora toca un descenso impresionante, en segunda velocidad y tocando freno casi en cada curva hasta llegar a Airolo. Tengo anotada una quesería que querríamos visitar, pero no damos con ella.

Nos detenemos en un restaurante, pregunto, y me dan las indicaciones en perfecto italiano. Al ver mi cara de no entender nada, me las repiten en inglés, pero tampoco encontramos nuestro objetivo.

O sea que enfilamos hacia el paso de San Gotardo, nueva frontera lingüística, esta vez entre el italiano y el alemán. Al salir del túnel nos vemos inmersos en una niebla que ya persistirá durante todo lo que queda de hoy.

Llegamos a Andermatt, nos instalamos en el cámping, y llenamos y vaciamos aguas, ya que los grifos sólo funcionan en el horario de recepción, y los cerrarán a las 21:00 horas. Las niñas se van a las duchas. David, que todavía no se encuentra muy bien, se queda en la autocaravana.

Yo salgo a pasear a Mateo. Andermatt me recuerda sobremanera a los pueblos alsacianos.

Preparo un arroz blanco para la cena, a todos nos apetece. Las niñas y yo tomamos también unas hamburguesas de atún.

Recogemos, saco a Mateo brevemente.

Nos retiramos a dormir, seguimos envueltos por la niebla y empieza a chispear.

Entradas perrera y museo: 32 CHF

Chocolates calientes: 12 CHF

1 kg. albaricoques: 8 CHF

Swiss Half Fare Cards: 220 CHF

Croque Monsieur y bastones de pan: 16,10 CHF

Repostaje, km. 111.970, 24,10 CHF, 12,82 litros, 1,880 CHF/litro / Consumo parcial = 8,78 litros / 100 km

Camping Andermatt: 48,5 CHF

LUNES 30 JULIO:  ANDERMATT –  OBERALP PASS: 17 KM

EXCURSIÓN AL TOMASEE (NACIMIENTO DEL RHIN)

  

Hemos dormido bien, pese a que sobre las 23:30 David se levantó de la cama y fue a pedirle a la autocaravana vecina que bajara el volumen de la música. Para su sorpresa, el vehículo tenía matrícula suiza, y le abrió la puerta una señora mayor. No se trataba de un botellón de jóvenes, como habíamos presumido.

Nos levantamos sobre las 08:00. David se encuentra bien (como dice Susanna, ese arroz de anoche hecho con amor y el paisaje tan bonito le hicieron recuperarse rápido). Ahora es Aina laque tiene dolor de cabeza, afortunadamente se reanima tras tomarse un Gelocatil.

Voy a rellenar los bidones de agua para beber, ya que el grifo exterior sólo funciona con el horario de recepción, de 08:00 a 09:30.

Paso por la ducha, me toca lavarme la cabeza. Las instalaciones desde el exterior no prometen (están en los bajos traseros de la estación del teleférico), y las niñas anoche no volvieron entusiasmadas, pero a mí me parecen correctas. El chorro de agua es abundante y se está bien.

Hoy ya no hay niebla, aunque unas nubes cubren algunas cimas.

Desayunamos fuera, un “completo” (pan tostado, embutido, queso, nocilla, mermelada, yogures y kiwis según preferencias, etc.) y cafetera, tal como nos gusta hacer. Costumbre que repetiremos todos los días que nos sea posible, aunque ello nos retrase el inicio de la jornada.

Recogemos, peino a Mateo, las niñas juegan a pelota. En ese momento vemos pasar un carro tirado por caballos, que al poco regresa en sentido contrario, esta vez cargado de turistas.


Salimos del camping a las 11:21, estamos a 19ºC y tenemos 112.082 km. en el marcador. Luce el sol, aunque el cielo no está del todo despejado.

Pasamos junto al faro situado en lo alto del Oberalppass.

(*) Se trata de una réplica gemela del faro de Hoek van Holland, situado en el museo marítimo de Rotterdam. Precisamente el puerto donde desemboca este gran río, al que ambos faros, original y réplica, separados por 1.320 km. de distancia y 2.046 metros de desnivel, saludan en sus dos extremos.


Aparcamos en un lugar del que llevo marcadas las coordenadas. Preparamos las mochilas con ropa de abrigo por si más tarde refresca (sí lo hará), además de bañador y toallas por si se presta al baño (no va a ser el caso). Las niñas hacen unos bocadillos y empezamos a andar.

Es una excursión de 2 horas teóricas de duración en cada sentido, de 11 km. de recorrido y unos 500 metros de desnivel desde nuestro aparcamiento. Después he visto que nos habríamos ahorrado unos 200 metros de desnivel, de haber salido desde lo alto del Oberalppass, o sea que ésa habría sido mejor opción.

Hace sol y sudamos de lo lindo en las primeras rampas de ascenso. Pasamos junto a una granja y luego junto a un riachuelo. Nos detenemos para tomarnos unas piezas de fruta, y Mateo entra en el agua sin dudarlo.


Dejamos la pista forestal y tomamos un sendero que con una buena inclinación sube montaña  arriba, trepando de roca en roca en algunos tramos. Preguntamos a unas señoras, nos indican que estamos a media hora de nuestro objetivo, pero que vale la pena, es muy bonito. Nos deben haber visto resoplar. David sufre un amago de bajada de tensión.


Finalmente llegamos al lago, Lai Da Tuma o Tomasee, lugar reconocido como nacimiento del Rhin.

Mateo se baña en estas aguas (el único lugar en el que se puede cruzar este río de un solo paso). Nos cruzamos con un grupo y conversamos largo y tendido a cuenta de Mateo.

Tras hacernos unas fotos con la placa oficial, nos dirigimos hacia el extremo opuesto del lago, donde ponemos los pies en remojo al tiempo que nos tomamos los deliciosos bocadillos que han preparado las niñas.


Después de un rato de descanso vemos cómo las nubes empiezan a bajar de nivel y decidimos   regresar. Nos encontramos con una familia alemana que anda con 4 niños. El más pequeño, de unos 2-3 años camina como un auténtico campeón.

El descenso también agota, e incluso Mateo prefiere los trozos con hierba para caminar, frente al áspero camino de grava.


Cuando casi estamos llegando a la granja, nos cruzamos con un rebaño de cabras que están regresando a ella.

Por fin en la autocaravana (tras 5 horas 40 minutos de paseo, incluyendo paradas), nos cambiamos de calzado y decidimos alterar el rutómetro previsto. Nos vamos a cenar al restaurante del Oberalppass, el Piz Calmot, donde nos han confirmado que admiten perros.

Es pronto, lo que nos permite elegir mesa junto al lago. Es el justo premio a una dura jornada.

Nos pedimos cervezas, aguas, vino. Las niñas son felices con pasta y cordon bleu, mientras que David opta por una trucha del mismísimo lago Oberalpsee y yo me decido por un plato típico de la zona, el capuns.

Nos facilitan la clave de la wifi, así que Xènia puede felicitar a su amiga María, hoy es su aniversario. Yo puedo revisar el correo y confirmar una reserva para el día 16…


Por cierto, la comida está muy rica, capuns inclusive. Mateo ni se ha movido, sólo una vez para recoger migas de debajo de la mesa.

Salimos muy satisfechos del restaurante y movemos la autocaravana un poco más abajo, donde hay una explanada con unas cuantas autocaravanas pernoctando. Incluso hay una caravana instalada sobre un mallazo de hormigón, con mesa y sillas mirando al Oberalpsee.

Damos algo más de rodeo, pasamos junto a una cascada, y llegamos a una zona donde hay un coche con Maggiolina sobre el techo y unas campers.

Nos instalamos, es turno de duchas mientras le damos la cena a Mateo.

Ya venimos cenados, pero Aina y yo todavía nos preparamos un chocolate caliente para terminar la jornada.

Nos dormimos mientras el faro del Oberalppass sigue indicando su posición.

Cena: 168,10 CHF

MARTES 31 JULIO:  OBERALP PASS - MORSCHACH:  66 KM

VISITA A ALTDORF Y BAÑO EN ISLAS LORELEI

 

Nos levantamos a las 7:45. Ha refrescado, estamos a 11,5ºC.

Saco a Mateo a dar un paseo. El día luce espléndido, soleado, y nos vemos envueltos por un paisaje de auténtica postal, con pastos verdes y la vía del tren que casi parece una maqueta de Lego.

Empezamos a estar rodeados por coches de pescadores. Vienen a pescar truchas en el Oberalpsee, como la que ayer David tomó en la cena.


Desayunamos dentro de la autocaravana, con las ventanas bien abiertas (pese a que casi todas  las campers lo hacen fuera). Las niñas peinan a Mateo.

Salimos a las 10:12, estamos a 16,7ºC y tenemos 112.099 km. en el marcador.

Nos detenemos en Andermatt, donde encontramos un Coop muy bien surtido. Junto al mismo hay un aparcamiento de pago, que nos permite llevar el carro de la compra hasta la autocaravana. Aprovisionamos de aperitivos italianos, chuches para Mateo, esmalte de uñas para las niñas, y un largo etcétera.

Nuestro siguiente objetivo es Altdorf, donde visitamos el monumento al héroe nacional Wilhelm Tell. Aprovechamos para sacar un reintegro en un cajero automático.

  

Siguiente destino, las islas para el baño de Lorelei.

Aparcamos la autocaravana y nos acercamos a pie, a fin de ver lo que nos llevaremos para instalarnos en el lugar. Hay barbacoas, leña, sombras, islas para el baño (construidas en el año 2005 con el material extraído del túnel del Gotardo).

Regresamos a la autocaravana, de donde salimos con los bañadores puestos, dos sillas plegables ligeras, una botellita de cava, unos zumos, patatas, aceitunas, etc.

Pasamos todo el día en este lugar. Las niñas se bañan y toman el sol. Mateo, David y yo nos quedamos cómodamente bajo la sombra de un árbol hasta que transcurridas unas horas tengo algo de frío y me muevo hacia el sol.

  
El lugar es gratuito. Está muy bien cuidado. Una pista para bicicletas lo conecta con distintas poblaciones. Un lujo para el ocio de los habitantes de la zona, aunque en el aparcamiento también pueden verse algunas matrículas extranjeras.

Hacia las 17:00 horas se va mucha gente, y poco después también lo hacemos nosotros.

Nos dirigimos al camping granja Rüti, para el que tengo reserva y al que vamos con muchas expectativas. Y no es para menos: está encaramado en una montaña, muy bien cuidado, con cabaña de juegos encima de un árbol, futbolín, cama elástica, columpios, ping-pong, 2 hamacas, y una colección de animales, algunos de los cuales corren en libertad por las parcelas: conejos, gallinas, gatos, cerditos, patos y un par de asnos.

Me gusta tanto lo que  vemos, que reservo para otra noche adicional. Es un jardín de paz.

Hay wifi, lo que me permite comprobar en mi correo que tenemos confirmada la reserva para un jacuzzi muy especial el día 16.

El dueño del camping me da muchas indicaciones para movernos en bus. Pero Mateo tiene las membranas interdigitales algo sensibles después de la caminata de ayer. Le aplico crema del árbol del té (mano de santo para él, que tiene el riñón delicado). Me parece que mañana no le haremos andar demasiado, por lo que saldremos del camping en autocaravana.

David y yo nos tomamos una copa de cava mientras las niñas juegan.

Preparamos la cena. En cuando se oculta el sol, desciende sensiblemente la temperatura. Para hoy tenemos lechuga y pinchos a la plancha.

Le damos la cena a Mateo.

Debemos lavar los platos antes de las 22:00 horas, que es la hora de silencio (veremos que es habitual en el resto de campings que visitaremos).

Anochece, y si el lugar era encantador de día, y podía haber inspirado la historia de Heidi, ahora no hace sino ganar enteros, uniendo a los tonos anaranjados que toma el lago de los Cuatro Cantones, los fuegos artificiales preludio de la Fiesta Nacional Suiza que se celebrará mañana, y la iluminación de las ciudades que tenemos por debajo.

Definitivamente nos hallamos en una atalaya difícilmente superable.

Salimos a dar un paseo, estamos a cinco minutos a pie de la estación de teleférico de Stoos, donde vemos un plano con un circuito de esquí de fondo que pasa enfrente del camping. Nos sentamos en un banco de la carretera, y regresamos a la autocaravana.

Las niñas se toman un yogur, y David y yo una infusión “Duerme bien” con un “carquinyoli”.


Apetecería dormir fuera. Dejaremos el parabrisas sin el oscurecedor, a fin de disfrutar de todo este panorama iluminado. Es como una maqueta de tren eléctrico, con trenes incluidos. O también como el decorado de la atracción de Peter Pan en DisneyLand Resort Paris, con el vuelo sobre la Londres iluminada de noche.

Parking Altdorf: 0,50 CHF

Supermercado: 237,55 CHF

Camping Ferienhof Rüti, 2 noches: 77 CHF.

MIÉRCOLES 1 AGOSTO:  MORSCHACH - MORSCHACH:  21 KM

MIRADOR DE URMIBERG, SALCHI CHAS Y VICTOR-INOX EN BRUNNEN

  
Nos levantamos a las 8:00. Estamos a 16ºC, y mientras desayunamos la temperatura sube a 18ºC a la sombra. Aunque el ambiente es fresco, el sol pica bastante para nuestro gusto, y hay pocas sombras.

Probamos una cecina de los Grisones.

Mateo no se termina los desayunos últimamente, debe estar afectado por las vacaciones.

  

Nuestro siguiente destino está en las montañas que tenemos frente a nosotros, el Urmiberg.

Inicialmente había planeado una excursión un tanto ambiciosa, bajando a pie desde el mirador, hasta la población de Gersau, desde donde volveríamos a Brunnen en barco. Pero Mateo tiene las membranas interdigitales inflamadas, por lo que va a ser mejor opción limitarnos a subir y bajar en el teleférico.

Las niñas se van a jugar al futbolín, en recepción prestan una bola a cambio de una fianza de 5 CHF.

David y yo recogemos, vaciamos y llenamos aguas.

A las 11:17, con 20ºC de temperatura y 112.165 km en el marcador salimos hacia Brunnen.

Aparcamos en el aparcamiento del pequeño teleférico del Urmiberg. El teleférico es privado y no podemos hacer uso de los abonos, pero Mateo no paga. El aparcamiento es de pago.

Sólo hay maquinista en la estación superior. En la estación inferior hay un teléfono para solicitar que hagan bajar una cabina a fin de recoger pasaje. El señor que hace cola por delante nuestro llama para avisar que recojan a las 6 personas que estamos haciendo cola detrás de él, además de Mateo.

La cabina no es muy grande, pero podemos subir los 6, con Mateo a nuestros pies.

Hace calor. Según subimos las vistas en seguida son espectaculares, nos recuerdan a algún fiordo noruego.


Ya arriba, pasamos por el restaurante. Tiene una pequeña terraza, pero está abarrotada (lógico, hoy es el día nacional suizo, festivo ¡), nos comentan que quizás tarden una hora en liberar alguna mesa.

O sea que nos compramos unos refrescos en la estación del teleférico (tienen una nevera a tal efecto), y tomamos un sendero en busca de una sombra con vistas donde tomárnoslos.


Nos disponemos a tomar unas fotografías cuando a Aina se le cae la cámara rodando ladera abajo. Mateo se lanza como si hubiera visto un conejo, pero al ver que el objeto en cuestión no despide olores, no le hace caso. Así es que Xènia se encarga de ir a rescatar la cámara.

Cuando ya casi está de nuevo arriba con nosotros, se le cae rodando de nuevo, esta vez todavía un poco más abajo. O sea que toca repetir la operación. Esta vez ella y cámara llegan arriba, donde estamos nosotros.

Xènia se lava un poco con una botella de agua, también le ofrecemos algo de agua a Mateo como podemos (nos hemos olvidado de su botella), y por fin sacamos unas fotos.


Pasan por el lugar un par de bicicletas que bajan por el sendero, muy inclinado y lleno de piedras. Luego cruza un par de senderistas: la señora nos pide tocar a Mateo y se queda enamorada de él.

Tomamos el teleférico de regreso, esta vez compartiendo cabina con un señor bastante corpulento.

Llegamos a la autocaravana, cuyo habitáculo está muy recalentado por el sol. Encendemos el aire acondicionado de la cabina y nos dirigimos al centro de Brunnen.

Es festivo y suponemos que la fábrica de Victor Inox estará cerrada (queríamos visitarla, pues ofrecen descuentos en la tienda). Nos vamos directamente a la tienda-exposición de Brunnen.

Nos cuesta aparcar y al final lo hacemos en un taller mecánico de automóviles que está cerrado por ser festivo.

Entramos en el Swiss Knife Valley. Xènia tiene prometida una navaja desde que la suya se quedó en un control del aeropuerto de Vancouver (la olvidamos en el equipaje de mano, deberíamos haberla facturado). Duda, ya que hay mucho donde elegir.

Finalmente opta por una picnicker, que tiene navaja, abrelatas y descorchador de botellas. Nos hacen el mismo descuento que nos habrían hecho en la fábrica, debido a que al ser festivo ésta está cerrada.


Las dependientas se deshacen en caricias con Mateo y nos permiten entrar con él en el museo, donde hay videos, vitrinas con navajas de todos los tiempos, miniaturas, navajas gigantes, prototipos, exclusivas (una en oro amarillo con 600 diamantes puros), falsificaciones, etc.

Al salir del establecimiento una dependienta llama a Mateo por su nombre, y nos recomienda pasar por una fuente y ofrecerle agua. Ahora sí llevo su botella conmigo, es fácil darle agua.

Paseamos hasta el frente del lago, compramos unas postales y buscamos algún lugar para sentarnos a tomarnos unas salchichas. Muchos de los bancos están al sol, los que tienen la sombra más sólida son los de la Caja de Ahorros (SparKasse Schwyz), o sea que elegimos sin dudar. Pido 4 salchichas, algunas con mostaza, además de birras y aguas.

Estamos frente a un escenario donde están tocando piezas clásicas de rock. Frente al mismo hay un grupo de voluntarios que pasean minusválidos, en una tarea admirable.

Mateo aglutina muchos fans, casi tantos como un grupo de 4 cuernos alpinos que tocan el himno nacional suizo mientras se hace un respetuoso silencio del público. Por hoy nos ofrecen algo más de tópico suizo.


Regresamos a la autocaravana, ¡está a 30ºC! Estamos acalorados. Hay muchas calles cortadas, damos un par de vueltas hasta dar con la salida correcta, que nos permite regresar a nuestro camping, situado en una envidiable terraza con vistas sobre este punto que hoy podría muy bien pasar por cualquier punto de la costa mediterránea.

Nos duchamos. Xènia y yo en las espaciosas duchas del camping. David y Aina en la autocaravana.

Las niñas se van a jugar con las hamacas, cama elástica, etc., mientras David y yo nos tomamos un cava bien fresquito bajo el toldo y yo escribo estas líneas.


Hoy, excepcionalmente, la hora de silencio no será a las 22:00, sino a las 24:00. Habrá fuegos artificiales en muchos lugares. El camping ha colgado unos carteles en los baños rogando que se enciendan los petardos en la carretera y no dentro del camping, para respetar a los animales de granja y a los huéspedes del camping.

Las autocaravanas se han engalanado con banderas suizas y farolillos.

David iza la senyera catalana junto a la suiza.

Suelto el bolígrafo para calentar un poco de Rösti que sacie a las niñas, que siempre tienen el apetito bien despierto.

Después de cenar Rösti y salchichas a la plancha, sacamos la coca de la abuela y colocamos las sillas frente al panorama que se divisa desde este privilegiado balcón mirador. Este lugar es precioso.

Vemos fuegos artificiales en muchos lugares a la redonda. Los más cercanos son los de Brunnen. También hay muchos cohetes de particulares. Nos decimos que la celebración nos recuerda a nuestra verbena de Sant Joan, aunque sin música, ruido, litronas ni borracheras. Todo en orden.

En la curva que queda por debajo del camping hay un grupo de gente encendiendo fuentes de colores, algunas bastante potentes que duran un buen rato. Todo ello es muy vistoso, toda una inversión en pólvora.

Nos vamos a la cama hacia medianoche. Al poco se levanta un fuerte viento y vemos el destello de los primeros relámpagos. David y yo salimos a recoger el toldo y las sillas. Una vez dentro, se pone a llover. Una noche confortable, no hay que volver a salir mientras fuera sucede todo eso …

Parking Urmiberg: 3 CHF

Teleférico Urmiberg: 45 CHF

Bebidas Urmiberg: 10,5 CHF

Navaja Victor Inox: 27,90 CHF

Postales y diversos: 27 CHF

Salchichas y bebidas: 36 CHF

JUEVES 2 AGOSTO:  MORSCHACH - WEGGI S: 28 KM

RIGI KULM


Nos levantamos sobre las 08:00. Ha llovido durante la noche y hemos cerrado las ventanas.

Ahora estamos un tanto acalorados, aunque fuera ha refrescado. Hay 16,7ºC, y quizás el pantalón corto se quede un poco escaso como atuendo para el desayuno al aire libre.

Xènia y yo pasamos por recepción para recoger el pan que encargué ayer: unos croissants y un ticinés. Es decir, un bollo grande en forma de trenza.

Preparamos una cafetera y disfrutamos del panorama.

Hoy Mateo casi no ha dejado nada en su cuenco. Va mejorando, aunque todavía no come como en casa.

Recibimos la visita de otro boyero suizo, más pequeño y de pelo corto, debe vivir en la granja que queda por debajo del camping.

Y también nos visita una temeraria gallina, a la que espantamos antes de que Mateo pueda verla.

En el campo de debajo un señor está cortando la hierba con un motocultor. Podría ser el abuelo de la familia. David y yo especulamos con que el que suponemos debe ser su hijo, no falto de acierto, habría decidido reconvertir el negocio y cultivar turistas en su finca, lo que también genera un dinerillo.

Xènia se arma de valor y justo antes de irse por fin se decide a preguntarle el nombre a un chico suizo con el que han coincidido durante estos dos días, para hacerse amigos por Facebook. Me toca ejercer un poco de Celestina o de intérprete, según se mire.

Llenamos y vaciamos aguas, y a las 11:10, con 21,7ºC y 112.186 km. en el marcador, salimos del camping con dirección a Vitznau.

La carretera es bonita, rodea el lago de los Cuatro Cantones, y a ratos lo hace encaramada en las rocas. En una de las curvas toca esperar, hay un corte por obras que dura unos minutos.


Nos encontramos con bastantes ciclistas en este tramo de ruta.

En la entrada a Vitznau vemos un aparcamiento que creemos que puede interesarnos.

Efectivamente, más cerca de nuestro objetivo, el aparcamiento de la estación tiene una portería que limita la altura, y saliendo de la población por el extremo opuesto no hemos visto un sitio mejor donde aparcar, o sea que regresamos al lugar visto inicialmente, donde ya hay otras dos autocaravanas y una caravana pequeña (una @ de Tabbert).

En estos momentos llega una pareja. Son los propietarios de una de las autocaravanas, y nos saludan, comentando que recuerdan habernos visto en Oberalp. Nos indican un lugar donde podríamos pernoctar cerca del Pilatus, por si nos hace falta.

Preparamos las mochilas. Las niñas hacen unos bocadillos.

Salimos hacia la estación de tren, donde compramos los billetes, usando los pases. David y yo

pagamos media tarifa, las niñas no pagan, y Mateo paga ¼ de billete…viene a ser como medio niño.

Subimos al tren y nos instalamos en un grupo de 6 asientos. Mateo en seguida se acomoda y desaparece, tendido en el suelo por entre nuestras piernas. El tren arranca y empieza a subir empinadas pendientes, debido a las cuales Mateo va escurriéndose hacia atrás, por debajo de los asientos.

Tras un momento algo complicado, le ayudamos a incorporarse y le colocamos nuestros pies a modo de freno.

Pasamos por distintas estaciones. El camino cruza prados salpicados por granjas en lugares de fuerte pendiente.


En la estación de Rigi Kalt sube y baja bastante gente del tren, probablemente sean personas que hayan tomado el teleférico en Weggis, que es una vía alternativa de acceso.

Finalmente llegamos a Rigi Kulm, en paralelo con otro tren. El nuestro es de color rojo y el otro es azul, viene del valle opuesto.

Caminamos el corto trecho que nos separa de la cima del Rigi Kulm, donde está la antena de telecomunicaciones. Hay dos senderos para elegir, uno más empinado y corto, el otro más suave y largo.

Debajo de la sombra que proyecta la antena, se encuentra un músico tocando el cuerno alpino.

Bajo esa gran sombra nos tomamos los bocadillos, mientras observamos cómo el propietario de las tierras de alrededor del mirador está arreglando las vallas de su perímetro.

      

Después nos vamos a la terraza del bar.

Nos intercepta una pareja japonesa, están impresionados con Mateo y le hacen fotos con gran admiración dándonos las gracias una y mil veces.

Nos tomamos unas cervezas, las niñas Nestea y agua, y unas bolsas de patatas.

Nos planteábamos recorrer un trozo andando del sendero de bajada. Pero es tarde, el que ahora va a salir es ya el penúltimo tren de regreso, el de las 16:00, y nos parece un tanto arriesgado bajar andando hasta la próxima estación para tomar el último tren. O sea que tomaremos el tren.

Nos sentamos en el banco del extremo del vagón, de forma que Mateo no pueda escurrirse debido a la pendiente.

Una vez abajo, en la estación de Vitznau, permanecemos un rato contemplando las maniobras del tren encima de una plataforma circular giratoria.


Pasamos por un supermercado y compramos un par de cosas (lechuga, leche y manzanas).

Empieza a llover. Enfilamos aprisa hacia la autocaravana. Hace bochorno y llegamos acalorados.

Guardamos las mochilas y le pedimos al TomTom que nos lleve hasta el camping de la granja de Weggis, el Camping Bauernhof Gerbeweid. Está situado en la campiña, en un terreno ondulado propio de Teletubbies. Sin ser detallista como el camping granja Rüti, el lugar también tiene su encanto a nuestro parecer.

Tras registrarnos, nos instalamos en una ubicación de la que nos parece que no sería complicado salir (debido al barro y la hierba mojada), junto a un tilo y no muy lejos de los puntos de electricidad.

Merendamos, probamos unas chips de manzana que nos encantan.

Xènia se va a las duchas del camping, y cuando regresa se queda en la autocaravana, mientras el resto nos vamos a dar un paseo por esta campiña ondulada, salpicada de granjas. Pasamos junto a los invernaderos de la granja que nos acoge, en los que han plantado tomates, perejil y calabacines.

Un cartel indica que con el producto local abastecen el supermercado local de una gran cadena.


Luego pasamos junto a otra granja que vende flores (un negocio que hemos visto varias veces durante este viaje) y tiene un huerto de rosales.

Y llegamos al lago, donde hay maquinaria de obras, y muy escondida, una tienda de campaña.

Amenaza lluvia, así es que aligeramos el paso para regresar a la autocaravana, donde nos espera Xènia, que está leyendo este diario. ¡Es mi primera lectora!

La lluvia ya es inminente. Guardamos la mesa y las sillas y entramos en la autocaravana. Hoy cenaremos ensalada de lechuga y zanahoria. Y además, macarrones para las niñas, y brazo de patata para David y para mí.

Empieza el diluvio, aunque hace calor. Afortunadamente el Viesa nos refresca el ambiente interior.

Le damos su cena a Mateo, hoy se la termina toda.

Las niñas rematan con unos yogures, y los papis con unos “duerme bien” con “carquinyoli”.

Después las tres nos ponemos a escribir nuestros diarios de viaje, cada una con su visión.

David se duerme en el sofá mientras nosotras seguimos escribiendo.

Mateo duerme en la cocina.

Fuera llueve, y el Viesa nos permite estar fresquitos.


Billetes Rigi Kulm: 80 CHF

Propina músico cuerno alpino: 2 CHF

Supermercado: 21,85 CHF

Merienda terraza Rigi: 32,60 CHF

Diesel: 63,14 CHF, 33,32 litros, 1,895 CHF/litro, km 112.208. Promedio del repostaje, 14 litros / 100 km.

Camping: 34,20 CHF

Ducha camping: 2 CHF

VIERNES 3 AGOSTO:  WEGGIS - HORW: 56 KM
PILATUS


Nos levantamos sobre las 08:00. Ha estado lloviendo durante toda la noche y continúa haciéndolo. Hace bochorno, fuera tenemos 17ºC pero estoy acalorada. En algún momento de la noche ha debido refrescar y David ha apagado el Viesa.

Por fin cesa de llover y saco a Mateo a dar un paseo.

Desayunamos, llenamos el bidón de agua de beber, y dejamos la basura clasificada selectivamente (lo hacen las niñas). Vaciamos el químico. No llenamos agua (estamos al 75%) ni vaciamos grises, no parece que esté previsto en este lugar, ni nosotros lo necesitamos.

El día está parcialmente cubierto y no parece un buen día para subir al Pilatus, pero el pronóstico para mañana es todavía peor, con lluvia.

Salimos a las 10:55 con 21ºC fuera y 112.214 km. en el marcador.


Tomamos la autopista. Rodeamos Luzern, primero por detrás y después por unos túneles subterráneos. Es decir, que perdemos la noción de estar rodeando el lago de los 4 Cantones.

En el año 2008 no nos sacamos la viñeta y quizás fuimos más conscientes de la geografía que cruzábamos.

Llegamos a Alpnachstadt, desde donde sale el tren cremallera que sube al Pilatus.  

Aparcamos en la enorme zona destinada a tal efecto. Cómo sólo medimos 6 metros de longitud, no sobresalimos de la plaza. No son muy grandes.
Pago el aparcamiento en la maquinita mientras las niñas preparan unos bocadillos.

Compramos los billetes. Podemos hacer uso de la Half Fare Card: Las niñas no pagan, David y yo pagamos ½ billete, y Mateo paga ¼ de billete.
Hemos llegado a la vez que un barco, lo que hace que nos hayamos acumulado mucha gente en el andén.

Es curioso ver cómo maniobran los trenes, mediante un mecanismo que hace engranar la vía principal con una u otra vía de la estación, de forma que los trenes que llegan por la izquierda pasan a la derecha y quedan listos para salir.

David y las niñas entran en la parte inferior del vagón inferior, intentando buscar un lugar en el que Mateo no vaya a escurrirse hacia abajo. Aunque este tren tiene forma escalonada, y no parece que vayamos a tener el mismo problema que ayer subiendo al Rigi Kulm.

No obstante, el compartimento es para 8 personas. Detrás de ellos entra una señora con dos niñas. Se queda en la puerta bloqueándola, viendo que íbamos a entrar Mateo y yo y no iban a caber las otras dos personas a las que ella está esperando.

En este momento, un maquinista ve la escena y nos hace pasar a Mateo y a mí a la máquina inferior, los dos solos y bien cómodos.

El maquinista viajará en la máquina superior, al frente del convoy. Así es que David y las niñas están en el escalón que queda por encima nuestro, acompañados por el grupo de 5 franceses. Aprovecho nuestra privilegiada situación para disfrutar de las vistas y del instrumental del maquinista.


El trayecto llega al nivel donde ahora está la línea de nubes, y quedamos inmersos en una espesa niebla. Junto a la vía hay unos carteles amarillos que indican la pendiente de la vía, siendo la máxima del 48%. Pasamos por unos cuantos túneles, y vemos a algunos excursionistas que están subiendo a pie…



Llegamos a la estación superior. Sacamos dinero del cajero automático situado a mayor altura de la Suiza central, donde hemos llegado con el tren cremallera más inclinado …del mundo.

Salimos a la plataforma-mirador. Estamos dentro de las nubes y no creemos que nos compense recorrer ninguno de los senderos que llevan a las cimas de los alrededores. No habrá forma de ver el lago de Luzern a nuestros pies.

Nos tomamos los bocadillos que han preparado las niñas.


Pasamos por la tienda de souvenirs, de donde salimos con una camiseta cada uno, y un bolígrafo para dejar en la autocaravana.

Mateo nos espera fuera, entramos en la tienda en turnos de a dos.

En poco rato Mateo acumula una buena cantidad de cámaras a su alrededor. Una señora americana que ha tenido dos gran daneses, mira a Mateo emocionada, dice que hace tiempo que quiere que su próximo perro sea un Boyero de Berna y ¡por fin acaba de ver uno al natural!


Tal y como hemos leído en las recomendaciones de Jorge (Xanquete22), no bajaremos en el tren cremallera (en el que hemos subido), sino que tomaremos el teleférico, y nos apearemos en la primera estación intermedia, de forma que las niñas puedan disfrutar del tobogán de verano. 


Mientras, David y yo nos tomamos unas cervezas. Cuando llegan las niñas, se toman unas patatas.  

Luego, nos separamos: Aina quiere probar la zona de aventura de cuerdas y tirolinas, mientras que Xènia prefiere repetir en el tobogán.

Sólo que cuando Aina y yo llegamos a la zona de las tirolinas, nos dicen que la edad mínima para que los niños puedan ir solos es de 11 años, y Aina se queda con las ganas de probarlo.
Volvemos en busca de David y Xènia. Mateo nos hace un gran recibimiento.


Nos disponemos a regresar a la estación del telecabina. Según emprendemos el camino, Mateo se aparta para restregarse con cualquier cosa dudosa del suelo, no calcula bien la pendiente del margen y cae por él, queda medio colgando por el collar y cuando se incorpora se da un calambrazo con el pastor eléctrico y pega un grito. Un susto tras otro…

Tomamos el telecabina y nos apeamos en la siguiente estación, ya que Aina se ha fijado en unos columpios y toboganes. David y yo esperamos a las niñas en la terraza del restaurante, mientras ellas se lo pasan de lo más bien.


De nuevo tomamos el telecabina. Cuando llegamos a la estación inferior, Kriens, unos indicadores nos llevan con precisión hacia el autobús número 1, el que debe llevarnos a Luzern. Compro los billetes en una máquina expendedora, pero me olvido de descontar el importe correspondiente a las Half Fare Card y pago más dinero de la cuenta.

Subimos al bus, en el monitor de TV vemos exactamente a qué parada nos estamos aproximando, bajamos en la estación de tren de Luzern. Nos aproximamos al mostrador de información a fin de preguntar por el siguiente tren que nos lleve sin transbordos a Alpnachstadt, donde nos espera nuestra autocaravana. Nos emiten los billetes allí mismo.

Nos compramos unos bollos y unas porciones de pizza para merendar. Nos los tomamos antes de subir al tren, dando por sentado que no estará permitido comer en el interior del mismo.

Subimos al tren, que tiene unas enormes ventanas panorámicas. Sentados en el grupo de asientos junto al nuestro hay dos chicos bebiendo cervezas. Nos quedamos de una pieza cuando vemos que se apean, no sin antes limpiar la mesa con un pañuelo.

No hemos sabido ver que haya prohibición para comer o beber en el tren, pero creemos entender que no debe ser necesario si la población actúa con tal respeto.

Por fin estamos de nuevo en la autocaravana. Deshacemos las mochilas y nos dirigimos al Camping TCS "Steinibachried", en Horw. Tenemos muy buenas referencias del mismo en el programa de viaje de Xanquete22. De momento es el camping más caro del viaje, suponemos que debido a su proximidad con Luzern.

Nos instalamos, nos duchamos y cenamos ensalada, hamburguesa y tortilla de patatas. De postre probamos los Toblerone, y Aina y yo nos preparamos un chocolate caliente.

Escribo este diario mientras las niñas peinan a Mateo.

Delante nuestro tenemos al Pilatus, ahora ya sin nubes …Vemos las luces del hotel encendidas allá arriba, aunque las apagan puntualmente a las diez.

Le hacemos una cura a Mateo, tiene un corte algo infectado cerca de la oreja.

Nos retiramos a dormir bajo los pies del colosal gigante de piedra.

Aparcamiento Pilatus: 5 CHF
Tren y Góndola Pilatus: 82 CHF
Tobogán de verano, 3 viajes: 18 CHF
Camisetas y bolígrafo: 122 CHF
Llaveros: 13 CHF
Cervezas, patatas, Nestea, más cervezas y patatas, zumo, etc.: 11 +10+7,5+7,5+10,30 CHF
Bus: 13,80 CHF
Tren: 10,20 CHF
Merienda y pizza: 6+13 CHF
Camping: 60,80 CHF

SÁBADO 4 AGOSTO:  HORW - ALPNACHSTAD: 47 KM
LUZERN Y MUSEO DE TRANSPORTE SUIZO

Nos levantamos sobre las 08:00. Estamos a 21ºC de temperatura, con la agradable sensación de que esta noche ha refrescado. Hemos dormido con las ventanas bien abiertas.

Mientras David prepara las tostadas del desayuno, yo salgo con Mateo a tirar la basura. Hay que separar el cristal por colores. Nuestro cristal siempre es verde …

Desayunamos con vistas al Pilatus, que esta mañana ha amanecido sin nubes alrededor de su cima, aunque algunas ya empiezan a pegársele a la falda.

En este camping hay muchas caravanas fijas, con protectores en techo y ruedas, cortinas exteriores, antenas parabólicas, etc.

Hoy es sábado y algunos de los propietarios están llegando para pasar el fin de semana, con vistas al Pilatus y a una nada estética cementera, junto a la que se han edificado unos apartamentos de lujo que dan pie a imaginar que probablemente la cementera no vaya a continuar mucho tiempo en esta ubicación, interceptando a los apartamentos las vistas sobre el lago…

Vaciamos y llenamos aguas y salimos del camping, en dirección al museo del transporte suizo.

Mateo no puede acompañarnos durante la visita. Aparcamos la autocaravana debajo de un árbol, encendemos el Viesa, le llenamos un cuenco con agua y dejamos una ventana abierta (la trasera de la cocina, “protegida” o enrejada por el portabicicletas).

Compramos una entrada familiar y pregunto si el museo dispone de un lugar para dejar a Mateo. Esto es Suiza… por supuesto tienen dos casetas de perro, pero están ocupadas. Pienso que Mateo estará bien en la autocaravana.

He pagado 4 horas de aparcamiento, cuesta un franco por hora, un precio habitual en estas tierras.

El circuito recomendado de visita por el museo viene guiado por una línea blanca trazada en el suelo.

Primero pasamos por la zona de los trenes, dotada de antiguas máquinas y vagones, además de una enorme maqueta de tren eléctrico. Hay muchos juegos donde las niñas disfrutan, y ya intuimos que no vamos a tener tiempo para detenernos en todas partes. No obstante, se lo pasan en grande en unos simuladores que les permiten conducir un tren.

Nos trasladamos a la siguiente zona, la de los coches, situada en una nave forrada por señales de tráfico.


Después pasamos a la zona de barcos y teleféricos. Aquí es donde se halla Swiss Arena, un enorme mapa de Suiza que tapiza el suelo, hecho con más de 70.000 fotos aéreas. Es la razón principal que nos ha traído a este museo. Localizo algunas zonas de Suiza. Hay que calzarse unas zapatillas textiles para no rallar el suelo.


Al salir cruzamos una zona donde las niñas pueden hacerse unas fotos que luego podrán recuperar por Internet. Hay muchísimos juegos de ordenador.

Y finalmente llegamos a la zona de los aviones, donde hay unos simuladores de vuelo de avión y helicóptero. Subimos al simulador de helicóptero. David nos estrella un par de veces hasta que le coge el tranquillo (Xènia no se ha querido arriesgar a pilotarlo ella).

Y para concluir pasamos por la sala de prensa, donde las niñas graban unos minutos de su propia emisión radiofónica, además de unos reportajes para TV en un túnel azul (en este caso un túnel verde) donde el verde puede sustituirse por un decorado de fondo a elegir.

Las dejo grabando una emisión de noticias y me dirijo al aparcamiento, a fin de rescatar a Mateo de la autocaravana. También aprovecho para renovar el ticket del parquímetro.

Me llevo a Mateo hacia el museo, nos autorizan a entrar con él en el restaurante, aunque preferimos salir a la terraza. Nos tomamos un almuerzo-merienda.


Se me ocurre que nuestra visita a Luzern puede coincidir con nuestra primera fondue de estas vacaciones.

Así es que nos dirigimos a un aparcamiento que aparece en el programa de viaje de Xanquete_22. Nos encontramos con unos carteles que prohíben la pernocta a las autocaravanas, entre las 18:00 y las 08:00 horas. Ya son casi las 18:00. No obstante, pagamos 5 CHF y nos quedamos.

Queremos visitar el puente viejo (Kapellenbrücke) y el casco antiguo. La luz es brutal: Está a punto de caer una tormenta de verano y luce el sol con un abrumador cielo negro de fondo, incluso con un esbozo de un arco iris.

Mateo no pasa desapercibido. Le hacen muchas fotos, especialmente los turistas japoneses.

Una chica japonesa nos pide hacerle unas fotos, después nos pide si podemos posar toda la familia, y me pide que le anote el nombre de Mateo en su agenda después de haberse interesado por su edad y de haberse sorprendido por el brillo de su pelo.

Cae un repentino chaparrón de verano, el contraluz es espectacular, y los violines que están tocando en el puente viejo crean una atmósfera única. Xènia no para de decir que le encantaría vivir aquí, donde la gente es tan simpática.

Cruzamos el puente contiguo al puente viejo, y en la otra orilla vemos unas mesas muy sugerentes, con unos parasoles de rayas de colores.

Preguntamos si podemos sentarnos, nos arreglan un par de mesas, y pedimos fondue para 4, con 2 grandes cervezas y agua para las niñas: una con Kohlensäure (gas) y la otra sin.
Nos sirven las fondues con patatas hervidas y dados de pan.


El precio del vino es prohibitivo, alrededor de 30-40 CHF la botella para llevar, y 60 CHF si se toma en el lugar.


Mateo sigue causando furor.

La hora es mágica, empiezan a encenderse algunas luces, ha refrescado, y tras la cena damos un paseo por el casco antiguo y nos disponemos a cruzar por el puente viejo. A la entrada al mismo hay un artista ambulante haciendo malabares con 3 antorchas de fuego, que nos tiene entretenidos durante un buen rato.


Seguimos el paseo, y en un momento se nos acumula un grupo de japoneses haciendo fotos a Mateo con auténtica admiración y respeto. David y Xènia fotografían a los fotógrafos. En una de las fotos llegan a salir hasta once!

A raíz de Mateo también entablamos conversación con una señora de Dubai.

Regresamos a la autocaravana. Por el camino hay mucha gente bebiendo cerveza.

Como no nos podemos quedar en este lugar a pasar noche, aunque las autocaravanas vecinas parece que sí lo harán, nos vamos en busca de un lugar que nos recomendó una pareja de autocaravanistas franceses. Pero es negra noche, y tenemos lluvia acompañada de unos impresionantes relámpagos.

Para hacerlo un tanto más misterioso, cruzamos por un estrecho puente de madera, cubierto. Hallamos un lugar con muchos coches aparcados, en la montaña, en lo que parece el aparcamiento para iniciar una serie de senderos de excursiones hacia el Pilatus. Pero no lo vemos claro y decidimos irnos a Alpnachstad.

Casi es medianoche. En el aparcamiento del cremallera que ayer usamos para subir al Pilatus se pagan 5 CHF por 24 horas y no hay prohibiciones de pernocta. Está junto a una autopista, pero a estas alturas ya nos da igual. Las niñas hace un rato que ya han caído dormidas, con las cabezas apoyadas en la mesa, y David y yo no estamos para florituras.

Le doy su cena a Mateo, escribo estas líneas, y nos disponemos a dormir, con el Viesa conectado.
 
Parking museo transporte suizo: 6 CHF
Entradas museo transporte suizo: 65 CHF
Merienda museo transporte suizo: 47+8 CHF
Aparcamiento Luzern: 5 CHF
Cena fondues: 163,40 CHF
Artista come-fuegos: 2 CHF
Aparcamiento noche en Alpnachstad: 5 CHF
 
DOMINGO 5 AGOSTO:  ALPNACHSTAD - ENGELBERG: 31 KM
NUEVO TELEFÉRICO CABRIO DE STANSERHORN


Despertamos entre la vía del tren y la autopista, un lugar para nada idílico. Decidimos cambiar de ubicación para el desayuno dominical, mientras oímos el repique de unas campanas próximas.

Arrancamos a las 9:27, con 112.317 km en el cuentakilómetros. Estamos a 21ºC.

Pasamos de largo el teleférico que sube al Stanserhorn, nuestro siguiente destino. Vamos en busca de un lugar para el desayuno, que encontramos en las afueras de Stans, junto a una pequeña iglesia.

A las 11:20 damos por terminado el desayuno.
Nos vestimos con pantalón largo por si llueve, pese a que estamos acalorados y esta vez no subiremos a una cima muy alta, donde pueda bajar sensiblemente la temperatura.

Aparcamos en la estación de Stans. Tomaremos el cremallera clásico de época, que luego enlaza con un teleférico cabrio recién estrenado hace dos meses, y que es una atracción en sí mismo. David y yo pagamos media tarifa, Mateo un cuarto de tarifa, y las niñas no pagan.

Subimos al tren cremallera, viajamos en la plataforma exterior de cola.
Pasamos al teleférico cabrio y vamos a la plataforma superior, descubierta. Creo que es donde estamos todos los turistas, inclusive Mateo.


Cruzamos la línea de nubes y entramos de lleno en ellas.
Una vez arriba, seguimos sin nada de visibilidad y al poco empieza a llover. Nos refugiamos donde podemos. No podemos entrar en el self-service pues no cabe un alfiler.

Un grupo de japoneses descubren a Mateo y se hacen fotos con él, muy respetuosos.
Después se aproxima otro grupo. Parecen coreanos.

Casi tengo que pedirles que quiten las manos de encima de Mateo, se comportan como si Mateo estuviera incluido en su pack de vacaciones…


Por cierto, aunque Mateo está tranquilo y contento, tiene varias averías: Las almohadillas rosadas tras haber caminado por piedras ásperas descendiendo de la montaña, la oreja con una herida que desinfectamos a diario, los ojos con más legañas de lo normal (quizás tenga conjuntivitis), y una encía con algo de sangre.

En fin, a ver si vamos arreglando varios de los frentes.


Dada la nula visibilidad, y la imposibilidad de entrar en el self-service, decidimos bajar.

Esta vez Mateo y yo nos quedamos quietos y tranquilos en la solitaria plataforma inferior delteleférico cabrio, mientras que David y las niñas viajan de nuevo en la plataforma superior.

   

Después hacemos el transbordo al tren cremallera, viajamos en la cabina exterior delantera.


De nuevo en Stans, disparamos unas fotos.


Hace mucho calor y decidimos dirigirnos a nuestro próximo destino, el camping Eienwäldli en Engelberg. Tengo reserva para dos noches. Mañana tenemos previsto subir al Titlis.


Nos instalamos en la parcela que acabamos de elegir, colocamos el suelo de bolón, el toldo, la mesa y las sillas. Disfrutamos de unas espectaculares vistas a un glaciar.
Mientras las niñas y yo nos vamos de compras al bien aprovisionado supermercado del camping, David prepara un pica-pica con almejas, berberechos y aceitunas.  

Las niñas almuerzan macarrones.

A media tarde las niñas se van a los columpios. De repente empieza a llover, por lo que deciden irse a la piscina cubierta del camping y hotel. El agua está a 32ºC y dispone de un atractivo tobogán.

David y yo nos dedicamos a la “contemplación”. Se trata de intentar ver si es cierto que el glaciar se mueve …


Vuelvo a pasar por el supermercado, ya que pasado mañana nos encontraremos con Jordi y Marta y quiero estar preparada (en términos logísticos) para la ocasión. Compro Rösti, queso, chocolate y unos vinos suizos.

David comprueba las bondades de la piedra verde sobre distintas superficies, como el exterior de la autocaravana, de donde consigue eliminar una rallada, no sabemos si hecha con una llave o por el roce de algún arbusto.

Nos vamos a las duchas. El agua caliente cuesta 1 CHF cada 4 minutos, lo que resulta un tanto escaso. Las niñas se han duchado en las instalaciones de la piscina.

Recogemos el toldo, el mobiliario exterior y el suelo. Amenaza tormenta.

Cenamos dentro de la autocaravana, un surtido de pizzas.
Y nos vamos a la cama. Se nos ha hecho tarde. Son más de las once de la noche.
 
Aparcamiento Stans: 7 CHF
Billetes Stanserhorn: 85 CHF
Camping Eienwäldli (dos noches): 101,60 CHF
Supermercado: 196,10+56,75 CHF
Piscina: 12 CHF
Duchas: 2 CHF

LUNES,  6 AGOSTO:  ENGELBERG,  0 KM
EXCURSIÓN AL TITLIS

Hemos dormido con las ventanas abiertas. Nos decimos que debemos ir de vacaciones únicamente a lugares con (por lo menos) esta altitud. Estamos a unos 1.000 metros sobre el nivel del mar, y pese a que a las 8:25 horas de la mañana sólo hay 15ºC de temperatura exterior, no nos parece un ambiente demasiado fresco.

Se nos habrá averiado el termostato corporal...

Desayunamos en la mesa exterior. Probamos los nuevos quesos y embutidos.  
Peino y curo a Mateo.  

Preparamos las mochilas con ropa de abrigo y salimos del camping: Nuestro destino de hoy es el teleférico del Titlis.

Hay una parada de autobús frente al camping, pero todavía falta casi media hora para que pase el siguiente autobús, por lo que decidimos tomar un camino que discurre junto al río, rodeado de árboles y por el que encontramos algunas fresitas silvestres.


Pasamos frente a un trampolín natural de saltos de esquí, un cartel anuncia la próxima competición mundial de Engelberg, que tendrá lugar precisamente en este lugar el próximo 15 de diciembre.

Caminamos junto a algunas casas que exhiben carteles en los que anuncian y festejan la llegada de sus respectivos bebés.

   

Y llegamos al aparcamiento del teleférico que debe llevarnos hasta el glaciar en cuatro tramos.  

Pese a que el cielo está cubierto, hay muchos autocares en el aparcamiento. Seguramente hoy no sea un buen día para subir al Titlis, pero es nuestro último día en la zona y vamos a intentarlo.

Me escabullo rápidamente por entre un grupo de turistas asiáticos, en este momento no deseo que nos vean y le hagan fotos a Mateo.
Subimos a una cabina de 6 personas. No nos apeamos en la estación intermedia, donde hay un negocio de alquiler de patinetes todo terreno, para bajar por la montaña.

Empieza a llover. Y entramos en la línea de las nubes. Pasamos a otro teleférico más grande, la visibilidad ya es nula.  


Todavía nos toca cambiar otra vez de cabina. Por fin subimos al Rotair, un teleférico giratorio  que discurre por encima del glaciar.  

Aunque continuamos dentro de las nubes y no podemos ver el glaciar que debemos tener  debajo.. A falta de otros atractivos, hay quien se entretiene fotografiando a Mateo, que está ejemplarmente quieto entre la marea humana de piernas.

Llegamos a la estación superior. Subimos a la quinta planta, donde se ubica la terraza mirador.


Llueve y seguimos dentro de las nubes. Mateo y yo ni siquiera nos asomamos al exterior. Las niñas salen lo justo para sacarse unas fotos.

Bajamos una planta. Hay un estudio fotográfico donde los clientes pueden vestirse con el traje típico suizo. Vivimos una experiencia similar durante una salida de diciembre en un mercado alsaciano: Nos vestimos con el traje típico alsaciano y lo pasamos en grande con los preparativos para esa divertida foto ...

Junto al estudio fotográfico se encuentra una sala de picnic. Pero hoy no nos hemos preparado bocadillos. Bajando otra planta hay un bar, ahora cerrado, y una heladería, ésta abierta, que dispone de un par de mesas.

Mateo y yo regresamos a la sala de picnic, donde somos objeto (bueno, mejor dicho, él es objeto) de algunas fotos, mientras David y las niñas compran patatas, cervezas y Nestea (que ahora ya les gusta a las dos ... crecen !), y lo traen hasta nuestra posición.


Le ofrezco agua a Mateo, que se tumba y ya no da pie a más reportajes. Ya empieza a atosigarnos que le toquen tanto. Por lo general los japoneses, suizos o alemanes son muy respetuosos. No así la mayoría de coreanos o hindúes.

Estamos de suerte y durante un rato se abre la niebla. Podemos ver los glaciares más cercanoe incluso un verde valle que queda por debajo.


Nos animamos, vamos a por más helados y refrescos. Justo entonces vuelve a aparecer la  niebla, esta vez de forma definitiva: todo queda tapado y bien tapado. Ya no vemos nada, excepto algunos copos de nieve que empiezan a caer...

Las niñas improvisan un juego de "memory" con las servilletas de papel que traían los refrescos.
Finalmente nos decidimos a bajar.  

Seguimos sin nada de visibilidad hasta que casi estamos llegando a la estación inferior. Por  este motivo en el trayecto de descenso no nos detenemos en el lago Trübsee, que ni siquiera podríamos ver, pese a que había leído acerca de su belleza y de la recomendación de rodearlo a pie.


Ya en Engelberg llueve, de forma ligera. Decidimos regresar a pie hasta el camping,  deshaciendo el mismo sendero junto al río que hemos tomado esta mañana.
Una vez en la autocaravana nos instalamos bajo el toldo, donde seco a Mateo.

Las niñas se van a la piscina, yo paso por el supermercado.
Cogemos frío. Sobre todo David, tras haber ayudado (junto con los vecinos holandeses de enfrente) a unos vecinos rumanos recién llegados, en las maniobras de colocación de su caravana. Bajo la lluvia.

Entramos en la autocaravana. Nos tomamos un salmón ahumado con un vino suizo, mientras escribo estas líneas. Mateo descansa debajo de la mesa, perfectamente enroscado.
David y yo nos vamos a las duchas, las niñas regresan de la piscina ya duchadas.
Cenamos carne a la plancha, ensalada y mini-rollitos de primavera. Que resultan ser un buen hallazgo, procedentes de la sección de congelados del supermercado.

Mientras, sigue lloviendo y la temperatura cae a 10,6ºC.

Titlis Rotair: 100 CHF
Helados y refrescos: 19,60+32 CHF
Supermercado: 65,70 CHF
Piscina: 12 CHF
Duchas: 3 CHF
 
MARTES,  7 AGOSTO:  ENGELBERG - COURTAVON,  158 KM
ENCUENTRO CON JORDI  Y MARTA EN TIERRAS FRANCESAS.  


Nos levantamos sobre las 08:30. Hoy tenemos 7,7ºC de temperatura en el exterior. El día es claro y se ven nítidamente los glaciares que se descuelgan sobre el camping.


Voy al supermercado: necesitamos aceite industrial tipo “3 en 1”, pero no tienen. Xènia ha  plegado mi paraguas como ha podido, está un poco encasquillado. Compro algo de vino.  
Desayunamos al exterior.

Recogemos, y salimos del camping, parando en la zona designada para llenar y vaciar aguas.  
Salimos a las 11:16, con 13,5ºC de temperatura exterior y 112.348 km en el marcador.
Recibimos la llamada telefónica de la señora que cuidará de Mateo el día 15. Hemos acordado que Claudia lo recogerá ese día sobre las 08:00-08:15 horas en el camping de Pontresina.  

También recibimos un SMS de Jordi y Marta, nos encontraremos con ellos hoy sobre las 16:00 horas en el camping francés acordado. Ellos están recorriendo distintas zonas de Francia, y vamos a compartir unas horas en este lugar, un punto intermedio entre nuestras respectivas rutas.
Llegamos a Courtavon. El camping no es especialmente encantador. No obstante, buscamos un rincón donde compartir un buen rato con nuestros amigos.  

Los actuales dueños nos cuentan que iban a cerrar el camping cuando lo compraron ellos. Han renovado los aseos, y poco a poco van a invertir en el resto de instalaciones.
Ponemos la mesa fuera. Aunque es tarde, almorzamos.  

Llegan Jordi y Marta. Entre todos sacamos coca y galletas “de dieta”, para acompañar a unos exquisitos cafés Nespresso que preparan ellos… ¡Esto es nivel!
Recogemos y vamos a ver el lago contiguo al camping, y a dar un paseo por la población de Courtavon.  

Pasamos junto a algunos campos recién segados, en los que se detienen las cigüeñas.


Cruzamos el pueblo y regresamos hacia el camping. Nos metemos por un camino que cruza un campo, pero no tiene salida hacia el camping, por lo que debemos retroceder sobre nuestros pasos hacia la carretera.

    

Ya en el camping, es turno de duchas. Escribimos nuestros blogs y relatos, mientras nos tomamos unos “pre-dinner drinks”. Todos hacemos gala de velitas de leds, quedan preciosas en la mesa.

Y nos sacamos una foto de grupo con la cámara de Marta, montada sobre el mango que le regaló Jordi, ¡espectacular! (nota: es un mango que permite sostener la cámara a medio metro de distancia aproximadamente, y de esta forma hacerse auto-fotos).

Cenamos un combinado de todo tipo de comidas: Croquetas, quesos, Rösti, salchichas, todo ello regado con cava.
Hacia la una de la madrugada nos recogemos. En esta zona del camping no hay nadie, lo que nos ha permitido hablar animadamente sin causar molestias.


Supermercado: 9 CHF
Diesel: 37,68 litros, 1,485 €/litro, 56,1 €, 112.495 km (promedio repostaje 13,13 litros / 100 km)
Camping: 20,5 €
 
MIÉRCOLES, 8 AGOSTO:  COURTAVON -MURG, 197 KM
PARQUE ACUÁTICO ALPAMARE Y PERNOCTA EN WALENSEE


Nos levantamos pronto, a las 7:30, de forma que todos podremos aprovechar el día. Tenemos 10,5ºC de temperatura exterior.

Desayunamos todos juntos. Ha refrescado y nos ponemos manga larga. No obstante, mientras recogemos, el sol empieza a picar y se levanta un día claro con el cielo despejado.

Llega el momento de despedirnos de este breve y agradable encuentro: Jordi y Marta se dirigen hacia Münster y Colmar, donde esperan degustar buenos vinos y quesos. Y nosotros enfilamos hacia Alpamare, un parque acuático cerca de Zürich.

Salimos a las 9:55, con 14ºC de temperatura exterior y 112.506 km en el marcador.
Cruzamos algunos pueblos alsacianos, de nombres perfectamente alemanes, y circulamos junto a infinitos campos de maíz.

Pasamos de nuevo la frontera suiza en Basel: Nos da la sensación de que justo allí debe estar concentrada toda la industria suiza que no habíamos visto hasta ahora.


Y cruzamos un puente sobre el Rhin, está imponente. En sentido contrario hay un buen atasco.

En los alrededores de Zürich me equivoco de autopista y damos un pequeño rodeo hacia Zug, pero ya no vale la pena deshacer el camino para corregir el itinerario.

Finalmente llegamos a Alpamare, en Pfäffikon.

El aparcamiento de coches está completo. No encontramos ningún hueco, y nos metemos en una zona en la que de repente y sin previo aviso nos encontramos de frente con una pasarela peatonal que cruza a sólo 2,75 metros de altura sobre el aparcamiento.

Nos toca dar marcha atrás. Bajo de la autocaravana y se lo explico a los coches que tenemos detrás, ya que tambiéndeben retroceder. Todo el mundo colabora sin rechistar.


Decidimos quedarnos en el aparcamiento destinado a autobuses, dejamos a Mateo con el VIESA encendido, y su cuenco de agua.

En la entrada al recinto pregunto si podemos quedarnos en ese aparcamiento, a lo que me responden afirmativamente, a la vez que me indican que no ellos no disponen de un lugar específico donde podamos dejar a Mateo.

Compramos un abono familiar válido durante 4 horas. Además cargamos una pulsera con dinero, de esta forma evitamos tener que ir a por la tarjeta de crédito si queremos comer algo.

Nos cambiamos en los vestidores. Nos cuesta bastante encontrar una taquilla libre.


Encontramos una taquilla pequeña (es media taquilla) y no caben las cosas de los cuatro. Al cabo de un rato de búsqueda encontramos otra, que compartimos entre Xènia y yo.

Pasamos por las duchas y entramos.


Ya dentro, buscamos estrenarnos en un tobogán que no necesite flotador. Es el Mini Canyon.
Un semáforo regula la separación entre bañistas.

Una vez abajo, cogemos flotadores y nos dirigimos a otros dos toboganes (Alpabob y Wild Water).

Cambiamos de zona, probamos el Ice Express, el Thriller (completamente negro) y el Tornado, en el que un gran embudo hace que Aina y yo cubramos el último tramo de espaldas y atemorizadas.

En este momento nos separamos en dos grupos, Xènia quiere probar emociones más fuertes y va con David al Double Bob Splash Pipe, mientras Aina y yo bajamos una vez por el Balla Balla, el tobogán más largo de la instalación.

Luego nos dirigimos todos a la piscina de olas, que en ese momento está en reposo. Pero en breve empieza el oleaje y pasamos un buen rato saltando.

Casi son las tres de la tarde, y estamos hambrientos. Entramos en el restaurante y pedimos dos menús infantiles, un par de ensaladas y unas bebidas. Pagamos con el saldo de la pulsera.

Volvemos a separarnos. Xènia quiere revivir emociones en los toboganes y David la acompaña al Thriller, el Tornado y el Double Bob Splash Pipe.


Mientras tanto, Aina y yo salimos a una piscina exterior con un circuito circular por el que se nos lleva la corriente. Hubiéramos querido meternos en el baño relajante de litio (contra reumatismos y dolores vertebrales), pero es imposible, ya que sólo admiten a mayores de 16 años. Y acabamos en una piscina exterior de chorros y burbujas.

Pasamos por las duchas, nos cambiamos y regresamos a la autocaravana, donde nos espera Mateo.

Llamo por teléfono al camping para reconfirmar la reserva, que no está pagada, ya que son algo más de las cinco de la tarde.

Circulamos un trozo por carretera, se ve más paisaje que por la autopista. Hasta que nos metemos en un enorme túnel de 6 km, del que salimos en Murg, donde está el camping, a orillas del Walensee.

Las calles de Murg son estrechas, y el camping también. Pero tenemos parcela reservada.
Sorpresa, es la 28 y está frente al lago, en un paisaje soberbio.


Recomendación de Xanquete: la playa es preciosa…Pero las niñas vienen agotadas del parque acuático y ya no quieren más agua.

David y yo ponemos la mesa lo más cerca del lago que podemos, en esta privilegiada posición, y lo regamos con una cerveza. Y después, con un espumoso del Ticino.
El lago es una perfecta postal.

Cae la noche. Cenamos una ensalada y “tortilla falsa”, preparada con la vaporera Leukué en el microondas, con huevos, aceite, sal y atún de lata.

En la parcela vecina hay una pareja de abuelos muy bien instalados en una caravana Eriba Touring, similar a la que tuvimos antes de la autocaravana.

David y yo estamos magullados de los golpetazos de hoy en los toboganes, nos decimos que la edad no perdona y que dentro de un par de años Aina ya será mayor y podrá ir sola con Xènia a los toboganes, mientras David y yo podremos disfrutar de la zona wellness.

Empezamos a lanzar hipótesis sobre el destino del verano que viene. Suiza es bonita, pero quizás esta zona está un poco demasiado poblada para nuestro gusto. Si vamos por autopista sólo vemos túneles. Quizás Finlandia, con sus lagos, saunas y barbacoas sería una opción tranquila.

Le caliento un chocolate a la taza a Aina, que este año ha descubierto este pequeño placer en la sobremesa.

Escribo estas líneas fuera, con una linterna que atrae a todos los insectos voladores de la región.

Por cierto,! ya estamos en Heidiland !
 
Entradas Alpamare: 78 + 63 CHF
Alpamare, pulsera monedero: 45 CHF
Fianza camping: 50 CHF

JUEVES, 9 AGOSTO:  MURG –  SUR EN, 127 KM
MAIENFELD Y RUTA HACIA LA BAJA ENGADINA


Nos levantamos a las 8:15. Hemos dormido con las ventanas abiertas. Sólo estamos a 300 metros sobre el nivel del mar. Este lugar nos recuerda más a un destino de playa que a un destino de montaña.

Hemos sobrepasado el Ecuador del viaje, toca cambiar sábanas.

Desayunamos fuera, con vistas al lago. Ya hay 20ºC de temperatura en el exterior, aunque por suerte el poco aire que circula todavía es fresco.

Muchos vecinos del camping se van marchando: Dos chicas recogen su tienda y se van a pie con la mochila a cuestas, deben viajar en tren. Y otra pareja de chicas (creíamos que las cuatro eran del mismo grupo) viajan en coche, en el que cargan dos bicis, la tienda y muchos bártulos.

Nosotros hacemos lo propio: recogemos, vaciamos y llenamos aguas y tras pagar arrancamos, absolutamente acalorados.
Son las 11:18, estamos a 20,2ºC de temperatura y tenemos 112.703 km. en el marcador.

Hoy decidimos prescindir de la autopista. Nos da más sensación de estar de vacaciones el ver paisajes, pueblos, casas, gente. No nos acaba de gustar ir de camping en camping por túneles de autopista sin ver nada.


Nos detenemos para hacer la compra en un supermercado Aldi. Necesitamos aprovisionar un poco de todo. Aunque nos tocará pagar en efectivo, ya que no admiten tarjetas de crédito, sólo algunas de débito. Aina aprovecha la parada para comprarse unas chanclas en un gran almacén de calzado mientras David y yo vamos colocando la compra en la autocaravana.

Pasamos en ruta por Sargans, presidida por un bonito castillo.

Llegamos a Maienfeld no exentos de emociones: El TomTom nos ha guiado por las carreteras más estrechas que ha podido encontrar (ya que yo había marcado como destino lo que creía que era la casa de Heidi, y nos ha llevado por el monte).

Las calles de la población también son estrechas y las plazas de aparcamiento están reservadas a los residentes provistos de disco anual. Nos alejamos un poco del centro y aparcamos en una zona sujeta a parquímetro.

Extraemos dinero de un cajero automático. La compra en el Aldi nos ha dejado sin efectivo.

La población de Maienfeld es muy fotogénica, con casas de piedra antiguas, algunas con bonitas cenefas pintadas. No nos cansamos de hacer fotos.

Seguimos las indicaciones de unos carteles de color rojo, que conducen al camino peatonal, Heidiweg ,o camino de Heidi. A pesar de que nos tememos que el destino sea un montaje para turistas, nos viene de paso en nuestra ruta sin tener que desviarnos, y a Xènia le hace ilusión (un tanto frikie, cierto es…) hacerse unas fotos en la casa de Heidi.

Bordeamos muchos viñedos, perfectamente alineados y dispuestos en terrazas. Y pasamos  frente a algunas casas espectaculares. No imaginábamos tanta viña en los aledaños de la casa de Heidi, sino praderas suizas.

  

El camino es cuesta arriba (¡como siempre!) y hace calor. Parece que se aproxima tormenta.

Ya arriba, en el pueblo de Heidi, compramos un regalo y hacemos unas fotos con las cabras, una vaca de cartón piedra, y la casa de Heidi.


Decidimos no seguir el sendero temático. Habría que dedicarle 2 horas adicionales de tiempo y ya es tarde. Así es que regresamos hacia la autocaravana.

Estamos bastante cansados, debido al calor.


No obstante, la visita nos ha gustado más de lo que imaginábamos, tanto por el paisaje como por las casas que hemos visto. Y casi no nos hemos cruzado con nadie, lo que no nos esperábamos: Temíamos encontrarnos con ingentes cantidades de autocares y turistas en este lugar.

Quizás porque el acceso a la casa de Heidi debe hacerse a pie. Quizás haya un centro comercial en algún otro lugar que no hemos alcanzado a ver, donde lleven a esos turistas con los que nosotros no nos hemos encontrado.

También hay que decir que la Heidi de Johanna Spyri no tenía el look japonés de los dibujos con los que David y yo crecimos y que nos hicieron popular el personaje.

Seguimos ruta, fieles a nuestro día sin autopistas.
Pasamos por el túnel que circula por debajo de Klosters y las montañas van ganando altura, de modo que nos vamos sintiendo a gusto con el cambio de paisaje.

Paramos para repostar y ya hace bastante frío como para ir en pantalón corto (que es la indumentaria que llevamos puesta). Tenemos 18ºC de temperatura, pero la sensación es de más frío, debido al viento.

Repasamos la presión de las ruedas de atrás.

Rodeamos el lago de Davos y según nos acercamos al núcleo de Davos vemos por las calles la presencia de una numerosa población judía, como hace cuatro años nos habíamos encontrado también en Saas Fee, y que en este viaje no habíamos visto todavía.

Ni siquiera intentamos entrar en Davos, enfilamos hacia el Flüelapass y nos cruzamos con algunos motoristas que llevan cámara en el casco. También algún coche la lleva. ¡Cómo habrán tomado las curvas!

Ganamos altura y el paisaje pierde vegetación, hasta quedar pelado y arisco. El puerto está a 2.383 metros de altura. Y ahora toca bajar.

Pasamos por Susch, la primera población del valle de la Baja Engadina y disfrutamos viendo las cenefas que decoran las casas.

Hoy no visitaremos las distintas poblaciones de este valle (ya es demasiado tarde), que sería lo previsto en el rutómetro. En su lugar iremos al camping que se encuentra al fondo del valle, en Sur En. Dejaremos la visita a estas poblaciones para mañana, en ruta de regreso hacia St. Moritz.

El camping está junto al río, y de lejos nos parece verlo bastante lleno. Cruzamos por un imponente puente cubierto de madera. Entro en recepción, me indican que demos una vuelta a pie por el camping, y si nos gusta alguna zona, ellos ya nos darán una placa con un número identificativo.

Hay una zona con caravanas fijas, otra zona con tiendas, y una gran plazoleta o descampado, sin marcas ni delimitaciones de parcelas de ningún tipo, y con muchas hogueras encendidas, donde nos parece que se colocan los visitantes de corta estancia. Entre los que se cuenta una impresionante Concorde.


Tras dudarlo, nos situamos en el centro de la gran plaza, es el único lugar donde podremos abrir el toldo, sacar mesa y sillas, y sacar el camping gaz para asar una carne que hemos comprado hoy y que resulta riquísima. La acompañamos de arroz blanco.

Cae la noche, el cielo es estrellado y se hace el silencio. Oímos el río por un flanco de la autocaravana, y los ventiladores de una subestación eléctrica por el otro. Ya sabemos qué ventanas dejaremos abiertas esta noche …

David y yo nos preparamos un Duerme Bien, y nos disponemos a recoger y a dormirnos con la ventana (lado río, por supuesto…) abierta.

Camping Murg: 66,40-50 CHF fianza
Supermercado: 254,05 CHF
Chanclas: 9,90 CHF
Parking Maienfeld: 1,50 CHF
Regalo: 9,90 CHF
Diesel: 59,35 CHF, 30,75 litros, 193 cts/litro, 112.779 km. Promedio repostaje 10,83 litros / 100 km.

EvaV

Parte 2...

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