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Viaje a Suiza (Parte II)

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...Parte I

VIERNES, 10 AGOSTO:  SUR EN –  ST. MORITZ, 94 KM
BAJA ENGADINA:  FTAN,  ARDEZ,  CASTILLO DE TARASP,  GUARDA


Nos levantamos sobre las 8 de la mañana. Hay 13ºC en el exterior, aunque rápidamente empieza a subir la temperatura y a picar el sol.

Paso por recepción a fin de pagar la factura. Ayer ya estaba cerrada para cuando hubimos elegido dónde ubicarnos.

Mateo se coloca debajo de la autocaravana como puede, evitando el sol, mientras nosotros desayunamos bajo el toldo. Estamos orientados de forma que la zona umbría es muy pequeña, y decidimos irnos a buscar la sombra que proyecta la autocaravana por el otro flanco.

Trasladamos la mesa y pasamos unos momentos de apuro cuando constatamos que Mateo no logra salir de debajo de la autocaravana. Él cree que podrá salir por el otro lado, cada vez se mete más adentro, queda más bloqueado y se pone nervioso.

Entre Aina, Xènia y yo le ayudamos a salir. David ya se estaba aproximando con un pedazo de cecina en la mano, como motivación para salir del atolladero, y se lo da igualmente. ¡Vaya susto nos ha dado!


Nos preparamos una cafetera mientras las niñas se van a los columpios, y le damos a Mateo sudesayuno. Hoy se lo termina todo, estos últimos días algo le afecta, ya que no come como es habitual.

Recogemos, hacemos unas fotos (en particular del precioso puente de madera que da acceso al camping) y salimos.

Estamos acalorados, pese a haber estado fresquitos bajo la sombra de la autocaravana mientras desayunábamos. Son las 11:35, estamos a 19,7ºC de temperatura y tenemos 112.830 km en el cuentakilómetros.

Unas curvas por encima del camping sacamos unas fotos más del emplazamiento.

Nos dirigimos hacia Ftan.

Durante el ascenso por la carretera tenemos buenas vistas del castillo de Tarasp.

Visitamos el exterior de la torre del campanario de Ftan. Casualmente en ese momento llega una furgoneta de un campanero.


Podríamos dirigirnos al castillo de Tarasp, pero la existencia de una pequeña carretera panorámica poco importante entre Ftan y Ardez actúa como un imán sobre nosotros y decidimos recorrerla. La carretera es bonita. En algún punto tiene una anchura máxima de 2,3 metros.

Aunque lo más emocionante no es el trayecto, y está por llegar. La llegada a Ardez se produce por el extremo de la población opuesto a la estación y a la carretera principal.

Habríamos ido al aparcamiento de la estación, sin osar en absoluto meternos dentro de la población.

Y en lugar de eso, nos toca cruzar toda la población de Ardez con la autocaravana. La visión es espectacular, tanto por la estrechez de las calles, como por la preciosidad de las casas pintadas con mucho esmero y buen gusto. Muchas fueron renovadas en los años 80.

Voy con la boca abierta de asombro y con un punto de tensión por lo imprevisto de la situación.

Incluso unos albañiles apartan un pequeño andamio de quita y pon en cuanto nos ven aparecer….

Aparcamos en la estación y subimos (¡siempre hay que subir para visitar!) hacia el pueblo. Luce el sol y estamos asombrados con la visión de las casas, cada rincón nos ofrece una nueva sorpresa, una nueva foto, una nueva perspectiva.



Uso la mitad de la batería de la videocámara y David dispara una cantidad importante (¿ingente?) de fotografías.

Xènia nos recuerda que los estómagos empiezan a hacer “rau-rau”, por lo que nos viene de perlas una terraza pequeñita que acabamos de ver. Es tan estrecha que las sombrillas son mitades de sombrilla. Probamos diferentes tipos de tartas y bollos.

David y yo nos decidimos por la tarta de nueces, especialidad de la zona. Xènia es feliz con su tarta de albaricoque y pudding, y Aina se regala unas cookies de chocolate.

Acabamos de dar un paseo por el pueblo y exactamente cuando llegamos a la autocaravana empieza a lloviznar.

Nos vamos dirección Tarasp, a ver el castillo “de Jofranc o Jan”. Él mencionó que esta estampa es la que se reflejaba en un enorme puzzle que tenía en casa, y decidimos incluirlo en el rutómetro.

Pasamos por un enorme puente, en romanche se llama “punt”.

Luego circulamos frente a un hotel de gran lujo (Schwerizerhof) con turistas practicando el golf.

Llegamos a la altura de Tarasp y nos quedamos en el aparcamiento inferior.

Las niñas se quedan en la autocaravana, mientras que Mateo, David y yo bajamos para la visita.

De nuevo toca abordar una cuesta envuelta de un increíble paisaje suizo de postal, inmersos en una espectacular luz.


Y llegamos a Tarasp. Preside la población una pequeña plaza, con una fuente típica en la zona, en dos niveles: El chorro sale de un caño rodeado de geranios, cae en una pileta grande, desde donde desagua hacia una pileta más baja y pequeña, donde Mateo siempre aprovecha para beber.

La plaza está rodeada de casas perfectamente decoradas al estilo de la zona, con geranios muy bien cuidados.


Uno de los edificios es un hotel de la cadena Relais Chateaux. Hemos visto circular un par de Aston Martin’s clásicos descapotables por delante del hotel, nos transportan a otra época y otro lugar.

Terminamos de dar un paseo por Tarasp, no nos lo esperábamos tan bonito. Sólo veníamos para ver el castillo … de Jofranc.

Subimos al castillo. No entraremos dentro, ya que Mateo no está autorizado, y además se nos hace tarde. Pero tenemos curiosidad por verlo de cerca, y contemplar las vistas desde allá arriba. Tal como había leído en la guía, es un castillo muy remarcable por su situación encima de un peñasco.

Regresamos a la autocaravana. Amenaza lluvia aunque todavía no lo hace. Hay bochorno y la luz es de contrate, con el sol perseguido por las nubes.

   

Mientras tanto, las niñas han estado envolviendo y decorando un paquetito de regalo para Alba, quien cumplirá diez años el día de nuestro encuentro.

Ponemos rumbo a Guarda. Aprovecho el trayecto para cargar la batería de la videocámara, que hoy ha trabajado de lo lindo.

De repente, nos cruzamos con otra autocaravana. Esther va al volante. Carlos nos manda un SMS y David les llama por teléfono. Nosotros vamos un poco justos de tiempo, ya que disponemos de poco más de una hora para visitar Guarda. Luego debemos dirigirnos a St. Moritz, en cuyo camping tenemos una reserva para dos noches. Así es que cada cual continúa con su ruta prevista, nos veremos dentro de unos pocos días, tal como habíamos acordado.

¡Qué envidia nos dan! Ellos mañana se dirigirán al balneario de Scuol. A nosotros no nos ha quedado más remedio que prescindir de él. Nunca hay tiempo para todo y menos si desayunamos con la calma con la que lo hacemos estos días. Pero ello también forma parte de las vacaciones.

Aparcamos en el lugar previsto, en las afueras de Guarda. Un cartel indica que dentro del pueblo es totalmente imposible aparcar. Pagando 1 CHF tenemos dos horas de parking, y por 8 CHF se podrían pasar 24 horas en el lugar. Hay dos autocaravanas con toda la pinta de pernoctar hoy en este lugar.

Visitamos el pueblo. Tiene muchas casas del siglo XVII, algunas reformadas durante los años 80. Quizás al principio no nos parece tan encantador como Ardez, pero poco a poco vamos entrando en escena y nos sentimos como en un encantador pueblo de hadas, es todo propio de un cuento.

              
Y … sorpresa. De una de estas casas sale otro boyero de Berna. Tiene 3 años y es un macho algo más pequeño que Mateo, pero los dos son bonachones. O sea que les soltamos un rato para que jueguen, lo que nos encanta, hasta que Mateo se cansa.

Terminamos de visitar el pueblo y las casas pintadas. Algunos portales tienen escobas nuevas colgando, y nos preguntamos su finalidad o razón de ser.

Y enfilamos dirección St. Moritz. Llamo por teléfono al camping y nos indican que hasta las 21:00 horas podremos entrar.

Cruzamos lo que nos queda del valle de la Baja Engadina, y luego recorremos la Alta Engadina.

No visitaremos el Parque Nacional Suizo, pues no admite perros.

Vamos ganando altura por lo que, como dice Xanquete, no apreciamos correctamente la importante altura de las montañas que nos rodean.

Vivimos algunos momentos gloriosos, con una preciosa luz sobre el paisaje.

Finalmente cruzamos St. Moritz y llegamos al camping, el Olympiaschanze. Son aproximadamente las siete y media de la tarde.

Paso por recepción, nos instalamos en nuestra parcela y las niñas se van a la ducha mientras David y yo preparamos la mesa fuera, y la cena.

Da un poco de vértigo ver la cantidad de baterías que tenemos recargándose.

Preparo una sopa (la primera del viaje) y David asa una butifarra y unos pinchos en el camping gaz, al exterior.

Estamos instalados frente a una plazoleta en la que se halla un Hotel Bus. Nosotros debemos ser su pasatiempo visual, como ellos son el nuestro. Tienen mesas y sillas fuera, pero cenan dentro, en las butacas de viaje. El ambiente exterior es bastante gélido. Nosotros somos un poco raros y vikingos.

Ellos son mayoritariamente gente mayor y deben tener frío. Al rato la mayoría se ponen a leer y poco a poco se van yendo hacia sus camas. Contamos 18 huecos con ventana que deben corresponderse con las camas de 18 viajeros: 16 clientes y 2 chóferes.


Tomamos postre, pero también acabamos por coger frío y entramos en la autocaravana.

Escribo estas líneas mientras las niñas se meten en la cama.

Camping Sur En: 46,50 CHF

Tartas Ardez: 30,30 CHF

Parking Guarda: 1 CHF

SÁBADO,  11 AGOSTO:  ST. MORITZ,  0 KM

PIZ CORVATSCH

Nos levantamos sobre las ocho. Hoy hemos dormido bien, con el pijama de invierno y la calefacción, que ha acabado disparándose.

Cuando nos levantamos, fuera tenemos 12ºC, aunque sale el sol y enseguida sube la temperatura.

David y yo nos vamos a las duchas, mientras las niñas ordenan la capuchina.

Desayunamos en la mesa exterior: pan con tomate, embutido, queso, mermelada, etc. Y rematamos con una buena cafetera.

Somos conscientes de que en este proceso invertimos un buen rato, pero estos momentos relajados también forman parte de las vacaciones, entre visita y visita.

Todavía nos queda una semana de vacaciones, aunque ya empezamos a imaginar cuál puede ser el destino del verano próximo.


Oímos disparos, suponemos que debemos estar cerca de un campo de tiro. Quedará cerca de unos trampolines de esquí y unas pistas de tenis que vimos ayer al llegar.

Las niñas preparan unos bocadillos y colocan ropa de abrigo en las mochilas, mientras yo peino a Mateo, y David recoge el mobiliario exterior.

Seguimos las indicaciones de Xanquete, salimos por el camino superior del camping en dirección al teleférico que sube al Piz Corvatsch. Pasamos ante los trampolines de esquí, precisamente es donde se han estado celebrando las pruebas de tiro.

Luce el sol, y con esta pequeña cuesta ya estamos acalorados.

Pasamos junto a un lago muy bien acondicionado, con barbacoas, leña cortada y plataforma para el baño. Da una cierta envidia la gente que disfruta de este lugar.


Seguimos los indicadores hacia Surlej, pasamos alrededor de otro lago donde también se están preparando algunas barbacoas, y finalmente llegamos a Surlej, donde admiramos alguna casa de obra nueva pintada con las cenefas típicas de la Engadina.

Una última cuesta y estamos en la estación de teleférico. Compramos billetes de ida hasta la estación superior del Piz Corvatsch, a 3.300 metros de altura, aunque para el regreso sólo tomaremos el teleférico hasta la estación intermedia, a 2.700 metros de altura. Bajaremos el resto a pie.

Cumpliendo escrupulosamente (a la suiza) con sus horarios, tomamos los dos teleféricos que nos llevan hasta la estación superior.

El día es soleado y podemos disfrutar de unas espléndidas vistas del lago de Silvaplana mientras subimos en el teleférico.

Una vez arriba, nos instalamos en unas mesas exteriores y nos pedimos unas sopas y refrescos, o cervezas según el caso, y situamos a Mateo en la sombra de debajo de la mesa.

La vista es espectacular, con algunos glaciares cerca. Qué cambio de paisaje hemos experimentado en poco rato ¡ Claro que hemos pasado de los 1.800 metros de altura a los 3.300, y hace sol ¡!


Nos tomamos las sopas.

Constatamos que no podemos rellenar la botella de agua de Mateo, ya que el agua de la estación superior no es potable, se almacena en una cisterna, y sólo en el caso de la cafetera pasa por unos filtros que la purifican.

Subimos a la terraza superior, para contemplar el paisaje y tomar unas fotos. Las escaleras son de malla metálica y permiten ver lo que hay debajo, por lo que Mateo las sube con mucha prevención.

Los lagos y glaciares se ven preciosos, sin duda son unas de las mejores vistas de estas vacaciones.


Tomamos el teleférico para bajar hasta la estación intermedia, rellenamos las botellas de agua de beber (aquí el agua ya es potable) y salimos andando, siguiendo las indicaciones de Xanquete, hacia el refugio de Fuorcla Surlej.

El paisaje es grandioso y no nos cansamos de tomar fotos.

De vez en cuando cruzamos algún riachuelo de agua del glaciar y Mateo no lo duda, mete los pies dentro y bebe muy a gusto.

Nos cruzamos con un grupo de italianos que al ver a Mateo exclaman al unísono: “Bellisimo”, le comento a Xènia que Mateo siempre recibe piropos y nunca deja indiferente.

Cuando ya casi estamos llegando al refugio me pregunto si las fuerzas nos permitirán ascender el collado que todavía nos separa del mismo. Las niñas son partidarias de emprender el descenso, y así lo hacemos.

El camino a ratos sigue subiendo y constatamos que seguimos estando a mucha altura, sobre unos 2.400 metros.

  

Doblamos un paso y las vistas se vuelven muy interesantes, sobre los lagos de Silvaplana, que reflejan los rayos de sol y están de color plata.


Finalmente empieza el descenso. Estamos bastante tocados, escaldados, unas botas duelen, otra rodilla también. Mateo no se queja, pero seguro que está tan cansado como todos nosotros.

Por fin llegamos al Hahnensee, estamos molidos.

Continuamos descendiendo hacia St. Moritz, doblamos en un camino en peor estado, que nos lleva a los dos lagos que hemos rodeado esta mañana, en los que sigue habiendo grupos preparando barbacoas.

Cinco horas después llegamos a la autocaravana. Todos estamos bastante destrozados.

Preparamos la mesa fuera, David y yo nos tomamos una cerveza mientras las niñas van a la ducha.


Enfrente nuestro repite posición el hotel bus, que esta mañana había salido del camping.

Preparo un puré de patatas y una ensalada mientras David asa la carne fuera. Cogemos frío y acabamos por entrar a cenar en la autocaravana.

Todos estamos derrotados, le damos un extra a Mateo, un poco de puré y bistec. Visto y no visto desparece todo y el cuenco queda reluciente.

No podemos con el alma, recogemos y escribo estas líneas mientras ya todos duermen.

El paisaje ha sido impresionante pero estamos destrozados, cambiaremos los planes para mañana y buscaremos cómo recompensarnos con algo light.


Teleférico Silvaplana: 45 CHF

Restaurante Corvatsch: 80 CHF

DOMINGO,  12 AGOSTO:  ST. MORITZ - PONTRESI NA,  44 KM

ZUOZ,  COMPETICIÓN DE SALTO DE CABALLOS


Es domingo. Nos levantamos sobre las 08:00, tenemos 8 grados de temperatura en el exterior.

Tras la caminata de ayer, hoy vamos a ritmo de samba.

El cielo está medio cubierto por nubes, no parece un día muy bueno para subir al Piz Nair.

Tampoco nos hemos levantado temprano como para tomar el tren descubierto en Filisur, que sólo circula los domingos.

Repaso los folletos turísticos y veo que en Zuoz se celebra una competición de salto de caballos. Es cierto, cuando pasamos por allí hace un par de días, vimos muchos remolques. O sea que consideramos como otra posibilidad ir para allá, y ya veríamos cómo rematamos la jornada, sin descartar la opción de un spa.

Las niñas peinan a Mateo. Le miro manos y pies, no los tiene peor que los otros días, teniendo en cuenta la caminata de ayer. Y la dermatitis de la mejilla está mucho mejor. Los ojos, sin novedad (tiene conjuntivitis). Hoy le tocan pipetas.

Nos disponemos a salir del camping. Nos colocamos en la cola que se ha formado frente a la zona de vaciado y llenado de aguas.


Son las 11:48, hay 16,7ºC de temperatura exterior y llevamos 112.924 km. en el marcador. El día ha acabado por despejarse y retomamos el plan de subida al Piz Nair.

Pagamos el camping y nos regalan una chuche (salchicha) para Mateo. Aprovecho para comprar media barra de pan. Se les ha terminado y me la ofrecen para hacerme un favor.

Al poco de salir del camping pasamos ante el aparcamiento de un teleférico, aunque no es aquí donde marcan las coordenadas que llevamos en el Tom Tom. Supongo que me debo haber equivocado tomándolas, y nos detenemos.

En la taquilla pido billetes para subir al Piz Nair y me dicen que éste no es el teleférico correcto…O sea, que parece que el TomTom andaba en lo cierto.

Continuamos hasta St. Moritz Dorf, en nuestra opinión aunque hay tiendas bonitas no hay para tanta fama de glamour. Claro que lo estamos viendo desde la autocaravana, un domingo, con todas las tiendas cerradas.

En una terraza de un hotel hay una banda tocando, suponemos que debe haber un brunch.

El TomTom nos lleva hasta una calle sin salida. En este momento me doy cuenta de que por error tomé las coordenadas de una estación intermedia del teleférico. No sé dónde debe estar la estación inicial, aunque al cabo de un rato la intuimos, en una calle rodeada deaparcamientos cubiertos, de altura imposible para nuestra capuchina.

Todo es estrecho, lleno de gente y se nos hace complicado.

O sea que cambiamos de opinión y decidimos poner rumbo a la competición de caballos de Zuoz.

Aparcamos junto a la carretera y nos aproximamos a la zona donde se celebra la competición.

Pasamos junto a la zona donde han pernoctado las autocaravanas de los participantes y los camiones de transporte de caballos. ¡Menudos aparatos!


Nos aproximamos a la zona de las gradas y nos quedamos de pie en un lateral, desde donde vemos el final de una competición.

Luego nos vamos a otro lateral, donde podemos sentarnos sobre el césped.

A ratos pica el sol, pero el aire es fresco y optamos por ponernos las chaquetas “Red Family”.

Mateo no pasa desapercibido, aunque hoy veremos a 4 boyeros de Berna, uno de ellos en el certamen hípico.

Podemos ver dos rondas enteras del concurso de saltos. Una con más de 50 participantes, y la otra, de más nivel de dificultad, con unos 25 participantes.


Vamos a buscarnos unas salchichas y refrescos, así como unas cervezas para David y para mí.

Contemplamos asombrados cómo Mateo lame el suelo, precisamente en la zona donde se nos han derramado unas gotas de cerveza.

La mayoría de los jinetes son mujeres. Jinetes y caballos van muy engalanados. Los caballosestán relucientes y bien peinados, algunos llevan trenzas en la crin, otros tienen la cola recién recortada, y otros llevan sudadera a conjunto con las orejeras.


Acabamos por trasladarnos a las gradas, el certamen está llegando a su fin, y una señora nos ofrece unos bollos que no ha vendido.

Continúan asando salchichas, suponemos que para el personal que ahora, tras dos días de fiesta, debe desmontar el tinglado.


Finalizado el certamen nos vamos a pasear por Zuoz. Aunque una de las casas luce un enorme mosaico de San Jorge en la fachada, no nos parece que estemos en una parte especialmente bonita de la población.


Amenaza lluvia y regresamos a la autocaravana, pasando por delante de unos establos donde se crían ovejas y cerdos con métodos ecológicos. Exhiben un gran medallero en la entrada, suponemos que debe estar constituido por medallas ganadas por los caballos que tienen a pupilaje.


Una vez llegamos a la autocaravana empieza a llover, y continúa haciéndolo cuando entramos en el camping Plauns. Nos quedamos prácticamente acampados en la entrada.

Durante un rato cesa la lluvia y David y yo sacamos a Mateo de paseo. Aprovechamos para dar una vuelta por el camping y vemos que es realmente enorme, con muchos caminos, riachuelos y puentes.

Mañana nos adentraremos más, hoy estamos en una zona muy de paso.

Casi ha anochecido para cuando regresamos a la autocaravana.


Me dispongo a preparar una sopa de macarrones, y rompo accidentalmente el paquete al sacarlo del arcón. Y de esta forma, recogiendo los macarrones desparramados en el arcón, aprovechamos para ordenarlo. Tiramos algunos botes con comida caducada desde hace más de tres años …

Tras la cena nos tomamos postres e infusiones mientras fuera continúa lloviendo.

Recogemos y escribo estas líneas justo antes de meternos en la cama.

Camping St. Moritz, 2 noches 122,80 CHF

Pan: 2,80 CHF

Salchichas y refrescos: 53,50 CHF

Supermercado camping Plauns: 18,50 + 6,90 CHF

LUNES, 13 AGOSTO:  PONTRESINA,  10 KM

EXCURSIÓN A VAL ROSEG


Nos levantamos a las 8:30.

En el exterior hay 5.8ºC de temperatura, aunque tras salir el sol la misma empieza a subir rápidamente.

Estamos situados a la sombra y hoy desayunamos dentro de la autocaravana.

Saco a Mateo a dar un paseo. Vemos rincones idílicos en el camping, junto a riachuelos. Esta próxima noche debemos ubicarnos en algún lugar más acogedor. Hemos pasado la noche junto a la entrada. Llovía a cántaros cuando llegamos, y no pusimos mucho empeño en la elección.


Salimos del camping a las 10:58 con 23.2ºC de temperatura y 112.968 km. en el marcador, vamos hacia Pontresina.

Hoy tenemos previsto realizar la excursión a Val Roseg. Es un paseo de unos 15 km. de longitud, entre la ida y la vuelta, con muy poco desnivel. Se camina por una carretera no permitida a los vehículos, aunque sí a los carros de caballos que actúan a modo de taxi.

En invierno este camino tiene que ser delicioso, es una pista de esquí de fondo.

Casi sin quererlo, andaremos en días alternos: Tras la caminata de anteayer bajando de Piz Corvatsch y el descanso de ayer en el concurso hípico de Zuoz, tenemos un largo paseo hoy, tocará descanso mañana, y para pasado mañana tenemos prevista una excursión con un guía por un glaciar.

Aparcamos en la estación de ferrocarril de Pontresina.

Vamos a pie hasta el centro de la población, a David se le han roto las botas de trekking.

También compramos unos calcetines para Xènia.


La tienda de deportes está ubicada en los bajos de un imponente hotel, que además alberga una tienda de electrodomésticos curiosos y una joyería.

Hay material de deporte muy atractivo, aunque a unos precios prohibitivos.

Las botas viejas se quedan, jubiladas, en la selecta tienda suiza (recuperamos los cordones) y David sale del establecimiento como un niño con zapatos nuevos, exactamente en el precisoinstante en que en el campanario de Pontresina suenan las doce del mediodía.

Tomamos un sendero. Seguimos unos carteles indicadores en dirección a Val Roseg. Resulta ser un camino peatonal que circula por un margen del río, mientras que los carros de caballos, y bicicletas van por la carretera no asfaltada, que se halla en el margen opuesto.

Nuestro sendero peatonal discurre por entre los árboles, teóricamente es más fresquito y tranquilo que la carretera, aunque sube a más altura. Habríamos preferido ir a nivel del río, para que Mateo se pudiera refrescar en el mismo.

Nos cruzamos con bastante gente que va y viene, casi todo el mundo habla italiano, excepto los numerosos grupos de familias judías.

Por fin el camino se aproxima al río y Mateo puede remojarse.


Acabamos desembocando en la carretera no asfaltada.

Estamos terriblemente acalorados y los últimos metros nos cuestan, aunque el camino no sea muy exigente. El caso es que no estamos en forma, en todo el año apenas nos movemos. Lo que, sumado al calor, ha hecho mella en nosotros.


Se nos aparece el hotel como si fuera un oasis, con los glaciares al fondo, y los carros de caballos y algunos caballos descansando en un lateral.

Vamos a la terraza, encontramos una mesa libre bajo el toldo, y nos pedimos unos quesos o salchichas en función del gusto.


Yo elijo una cerveza de la Engadina, para David cojo un “zumo de barril”, que resulta ser un vino espumoso de manzana, delicioso. No es sidra, más bien se parece a la cerveza.


Debajo del toldo también hace calor. En cuanto terminamos, nos retiramos a una zona de sombra en un prado de hierba. Allí sí estamos fresquitos.


Las niñas rellenan las botellas de agua, juegan un rato en el tobogán del parque infantil, y empezamos a desandar el camino, esta vez iremos por la carretera.

Hacia las 18:30 llegamos a la estación de Pontresina. Se nos ha hecho largo, a Mateo también.

Aún quedan fuerzas para fotografiar una escoba en una moderna puerta de cristal y acero. No hemos resuelto el enigma de qué es lo que significan, pero son frecuentes en las puertas de las casas de la Engadina.


Ya en la autocaravana, ponemos rumbo al camping Plauns de Pontresina, está será nuestra segunda de cuatro noches.

Hoy sí buscamos un buen emplazamiento, y hallamos una parcela en una posición absolutamente idílica. Está reservada para distintas fechas (según reza en un cartel clavado en el suelo), pero precisamente hoy está libre.

Tenemos un riachuelo a la derecha y otro a la izquierda de la autocaravana. Ambos se juntan en la parte trasera de la misma. Es decir, estamos en una especie de península.

Las niñas siguen un puente peatonal y unas escaleras para ir a las duchas atajando camino, mientras David conecta la electricidad. Necesitamos 75 metros de cable, toca estrenar la bobina de 50 metros.

Las niñas vuelven encantadas de las duchas, y no hay para menos. David y yo vamos a continuación, y coincidimos en que son las mejores del viaje, por lo nuevas, espaciosas y funcionales.

Preparo la cena: Verdura asiática (de paquete de ultracongelados) y salchichas a la plancha.

    

Caliento una natilla de chocolate para Aina en el microondas, y en ese preciso instante nos quedamos a oscuras. David cambia el cable eléctrico a otra torre de enchufes, donde están conectadas las caravanas fijas. En la zona de tiendas definitivamente hay menos potencia.

Envío un SMS para reconfirmar la guardería de Mateo de pasado mañana.

Cuando se nos enfría la musculatura descubrimos que estamos hechos polvo.

Recogemos el tenderete y nos vamos a la cama.

Almuerzo Val Roseg: 73,10 CHF

Parking Pontresina: 7 CHF

Tienda de deportes: 214 CHF

MARTES, 14 AGOSTO:  PONTRESINA,  28 KM

EXCURSIÓN A MUOTTAS MURAGL,  HOSPITAL DE SAMEDAN


Nos levantamos sobre las 08:00.

Fuera hay 9 grados y niebla matutina, aunque enseguida despeja y acaba por salir el sol.

Preparamos nuestro desayuno habitual, hoy dentro de la autocaravana.

No podemos dejar de fotografiar el precioso lugar en el que nos encontramos.


Peino a Mateo y hago unas llamadas para confirmar la excursión de mañana, la guardería de Mateo y el jacuzzi de pasado mañana.

Vaciamos y llenamos aguas, y salimos a las 11:32 horas, con 23.6ºC de temperatura exterior y 112.978 km. en el marcador.


Nos detenemos en Pontresina, necesitamos hacer la compra en algún supermercado.

Vemos un Coop y aparcamos cerca.

Ya son casi las 12:00 y no sabemos si el establecimiento debe cerrar al mediodía.


David se queda en la autocaravana. De momento no pagamos aparcamiento, por si el supermercado estuviera cerrado. Las niñas y yo nos aproximamos al súper: De la puerta cuelga un horario, indica que el cierre es a las 12:15.

Por lo tanto, disponemos de 15 valiosos minutos y entramos dispuestas a aprovecharlos (no volvemos al parking para avisar a David, no tendríamos tiempo). Entre la tres nos repartimos la búsqueda de lo que hay que comprar.

Misión cumplida, regresamos a la autocaravana con todo ello.

Mientras estoy colocando la compra, se nos aproxima un policía, indicándonos que deberíamos haber pagado el aparcamiento (cosa que salvo esta vez siempre hemos hecho religiosamente). Le explico lo sucedido y le pido un par de minutos para irnos. Me pregunta de dónde somos y nos da cinco minutos. Por fortuna, sonríe.

Termino de poner todo en orden y nos vamos enseguida, hemos tenido suerte.

Nos aproximamos a nuestro próximo destino.

Suena el teléfono, es mi hermano. Nos explica un problema que tenemos en casa, relacionado con la bomba del agua. Estas cosas siempre pasan cuando uno está de vacaciones. Por suerte entre él y mi madre van revisando cómo está todo.

Aparcamos en la estación del tren cremallera que sube a Muottas Muragl.

Los abonos Swiss Half Pass no son válidos aquí. Compramos un billete familiar. No nos hacen pagar billete extra para Mateo, lo incluyen en el billete familiar, le tratan como a nuestro “tercer niño”.

El tren cremallera va bastante lleno y tenemos que repartirnos entre dos compartimentos.


Una vez en la estación superior, contemplamos la vista de los lagos de St. Moritz y Silvaplana.

También se distingue perfectamente la Val Roseg, por donde anduvimos ayer. Y al fondo se ven algunos glaciares, tanto en Val Roseg como en Morteratsch, donde nos dirigiremos mañana.

Nos sentamos en la terraza del restaurante, tomamos un ossobuco o bratwurst según el caso.

Hay una abundante colonia judía en visita turística.

El día no está del todo despejado, aunque hay bastante visibilidad.

Nos habíamos planteado la posibilidad de realizar una bonita excursión circular, saliendo de este punto en dirección hacia Alp Languard, desde donde se puede bajar a Pontresina en telesilla. Obviamente Mateo no puede subir al telesilla.

Estamos cansados como para plantearnos bajar a pie en lugar de en telesilla. Y Carlos y familia, con quienes compartiremos la excursión de mañana, ya han llegado al camping Plauns.

Por todo ello nuestra única ambición es llegar a un monolito que hay un poco más arriba, y coger de nuevo el tren cremallera para bajar y regresar a la autocaravana.

Pero según recogemos las bandejas del almuerzo, Xènia se clava una astilla de la mesa entre dedo y uña. Se retuerce de dolor.

Voy al restaurante, pido prestadas unas pinzas. Me redirigen a la recepción del hotel, allí me facilitan unas. David no consigue sacar la astilla (para estas cosas él tiene mucho más aplomo que yo) y Xènia está dolorida.

Pregunto en la recepción del hotel por un médico cercano y me aconsejan que vayamos al Hospital de Samedan. Así es que tomamos el siguiente cremallera de regreso.

 
Aviso a Carlos y familia de que nos vamos a retrasar un poco.

Llegamos al hospital. David, Aina y Mateo se quedan en la autocaravana, irán a buscar dónde pueden aparcar, mientras Xènia y yo entramos.

Pasamos a la sala de espera, llenamos unos formularios en los que preguntan entre otros datos por la tarjeta sanitaria. Este año no las tenemos.

De haberlas tenido, quizás nos habríamos ahorrado este gasto médico, aunque hay hospitales públicos con concierto con la Seguridad Social española, y otros privados sin concierto. El caso es que a día de hoy no sabemos si nos lo pagarán. Suponemos que no, aunque hemos tramitado ya hace tiempo la factura (emitida en perfecto alemán) en la Seguridad Social.

Al cabo de un rato una enfermera nos invita a pasar a un espacio en el que hay una camilla y una silla, separadas del resto de la gran sala por una cortina de color azul. Hay unas cuantas divisiones realizadas por cortinas, en las que van atendiendo a varios pacientes.

Después de casi una hora viene un médico y nos explica que para no lastimar a Xènia le pondrán una tirita anestésica, y luego le inyectarán anestésico en esa zona.

Pasa mucho rato, al otro lado de las cortinas oímos llegar a nuevos pacientes. Uno de ellos es un niño de menos de doce años que ha chocado contra una pared yendo en bicicleta, y no para de llorar.

Estamos en una torre de Babel, hay conversaciones en alemán, italiano, inglés.

Aunque hablo alemán, me defiendo mucho mejor en inglés. Y desisto de hablar de temas médicos en alemán, más allá de los formalismos iniciales de las conversaciones.

Tenemos calor, nos impacientamos. Envío un SMS a David para decirle que todo va muy lento.

Viene una enfermera a ponerle la tirita anestésica a Xènia. Nos dice que debemos esperar 30 minutos. Primero deben atender a otro paciente urgente. Lo que lógicamente es comprensible.

Dormitamos, estamos ansiosas por la falta de noticias. Al cabo de otra hora la enfermera nos invita a cambiar de sala.

Ahora ya todo va muy rápido. Entramos en una especie de quirófano, donde preparan el protocolo propio de pequeña intervención: A Xènia le ponen un gorro verde y mascarilla. La enfermera se pone mascarilla y prepara una mesa con instrumental esterilizado, y entra el médico, quien se pone gorro verde, mascarilla y guantes.

Pincha a Xènia, espera a que la anestesia surta efecto, y enseguida le extrae una larga y negra astilla. ¡Fin del sufrimiento!

Ahora tenemos que esperar a que la enfermera le ponga un vendaje a Xènia.

Pasamos por administración, donde nos preparan una factura desglosada con todo el material y tiempo utilizados.

Por fin estamos en la calle. Casi han pasado cuatro horas.

Avisamos a David, viene a recogernos. Nos cuenta que un vecino de la casa frente a la que ha aparcado le ha preguntado si todo iba bien o si por el contrario había algún problema, ya que la autocaravana llevaba mucho rato detenida allí.

David le ha explicado que Xènia y yo estábamos en el hospital, por una pequeña herida en el dedo. ¡El señor incluso le ha ofrecido entrar a esperar en su casa! David ha declinado agradecido el gesto, agradable y enormemente sorprendido.

Ponemos proa hacia el camping, donde Carlos, Esther y familia hace rato que nos esperan con una parcela reservada.

Les contamos la aventura y preparamos algo de pica-pica. Las niñas van al parque, mientras los adultos nos quedamos de tertulia.

Preparamos la cena, la compartimos. Ellos han traído un pequeño horno portátil, ideal para pizzas. Nosotros asamos carne a la plancha y preparamos un puré.


Xènia tiene una mano medio adormecida y no puede cortarse la comida.

Recogemos. Los adultos nos quedamos de sobremesa, saboreando una muestra de chocolates suizos.

Xènia se va a dormir, bastante nerviosa (tiene frío y calor al mismo tiempo), y Aina prepara los bocadillos de los cuatro para la excursión de mañana, tanto para el desayuno como para el almuerzo. ¡Un gran trabajo!

Recogemos y terminamos de preparar las mochilas para la excursión.

Yo debo madrugar, mañana vendrán a recoger a Mateo a las 08:15 y antes debo darle un paseo y su desayuno.

Escribo estas líneas mientras ya todo el mundo duerme y estoy rodeada por muchas y grandes “zetas”.


Coop: 212,35 CHF

Cremallera Muottas Muragl: 84,70 CHF

Almuerzo Muottas Muragl: 76,60 CHF

Hospital Samedan: 265,15 CHF

MIÉRCOLES, 15 AGOSTO:  PONTRESINA - DIAVOLEZZA, 11 KM

EXCURSIÓN POR EL GLACIAR MORTERATSCH

  

Me levanto sobre las 07:00. Me visto y me pongo crema solar para la excursión al glaciar.

Quiero pasear a Mateo antes de que vengan a buscarle a las 08:15.

Así es que salimos a dar una vuelta. Pasamos por delante del Hotel Bus, el mismo con el que ya nos hemos encontrado varias veces. Les debemos resultar casi “de la familia”.

Mateo no puede acompañarnos a la excursión de hoy por el glaciar. Así es que a través de la oficina de turismo de Pontresina hace días contacté con stallapalü.ch, una escuela de comportamiento canino, con servicios de guardería.

Para admitir a Mateo me solicitaron que rellenara un formulario muy exhaustivo sobre él, su carácter, las órdenes a las que atiende, etc. Lo que me hizo reafirmar mi confianza en su saber hacer.

Doy el desayuno a Mateo, le peino, y nos dirigimos a la entrada del camping. Allí nos esperan Claudia y Putin. Putin es un border collie de 11 años de edad muy tranquilo, como Mateo.

Ayudo a Mateo a subir de un salto a la furgoneta de Claudia. Se me hace raro verle irse, supongo que él daba por hecho que yo también iba a subir al coche. No obstante estará tranquilo, Claudia me ha dicho que le llevará al río.

Levamos anclas a las 8:44 (casualmente, a la par que el Hotel Bus). Estamos a 7,8ºC y tenemos 113.006 km. en el marcador.


Hoy es el cumpleaños de Alba. Carlos y Esther han decorado su autocaravana con muchos detalles para la ocasión.

Circulamos durante un corto trayecto de carretera, y aparcamos frente a la estación de teleférico de Diavolezza.

Aquí los Half Pass tampoco son válidos. Compramos un billete familiar sólo de ida, ya que la vuelta la haremos andando por el glaciar.

El día es nítido, precioso.

El teleférico nos deja en la estación superior de Diavolezza.

Quedamos impactados con las magníficas vistas de los glaciares.


Vemos el jacuzzi para el que tenemos reserva mañana. Recuerda a una gran olla para hacer caldo. Está ubicado en un extremo de la terraza, con chimenea y fuego de leña debajo.

Desayunamos unos bocadillos frente a las fabulosas vistas y nos dirigimos al punto de encuentro, donde ya nos aguarda nuestro guía, que para nuestra sorpresa habla castellano. Su esposa es del Ecuador.

Nos muestra un punto de encuentro para las 10:20. Pagamos la excursión, y aprovechamos el rato para ir a los baños antes de iniciar el descenso por la morrena, que es enorme y resbaladiza.

Resulta un poco complicada de bajar, debido a la cantidad de tierra y piedras sueltas.

Tal como nos había indicado la Escuela de Alpinismo de Pontresina (Bergsteigerschule Pontresina), calzamos botas de trekking. Para esta excursión no son necesarios los crampones.


Quedo boquiabierta por la grandiosidad del paisaje y por el hecho de poder estar aquí.

El guía nos explica que el grosor del hielo en el punto central del glaciar alcanza los 40 metros, aunque está en pleno retroceso.

Xènia tiene el dedo vendado, pero lo lleva bien.

Cruzamos el primer glaciar, el Pers. No puedo reprimirme y relleno la botella en uno de los muchos regueros de agua que lo cruzan. En los laterales el hielo está cubierto de arena y piedras, pero en la parte central está bastante a la vista. El sol pica y el glaciar no resbala (por suerte).


El guía se detiene en un punto, debajo de una isla rocosa que separa los dos glaciares, a fin de que podamos beber algo y tomar unas fotos. Y reanudamos camino, hay que llegar arriba para almorzar. Tengo más sed que hambre, aunque los bocadillos que Aina preparó anoche prometen estar riquísimos.

Reanudamos el paso, hay tramos complicados. Lleno la botella con más agua, que hace un rato era hielo. Tras una corta pausa iniciamos una subida que de lejos no parecía tan pronunciada.


Llegamos a lo alto de la isla rocosa. Disponemos de media hora para el almuerzo. Los bocadillos de Aina están exquisitos.

Descendemos hacia el otro glaciar, el Morteratsch.


Al bajar por su morrena, Aina resbala y se cae, golpeándose un codo. Por suerte, sin más consecuencias que las molestias propias del golpe. Por fin pisamos el hielo del glaciar.


Llamo a Claudia para avisarla de que regresaremos más tarde de lo que le he indicado esta mañana. Ella me comenta que Mateo se está portando muy bien y me desea que disfrutemos del día.

El ritmo se aviva.


Hay dos niños más pequeños en el grupo que caminan muy bien, sin quejarse para nada.

Vemos nuestro punto de partida, Diavolezza, allá arriba, muy pequeño.

El viento empieza a endurecer el hielo y se hace resbaladizo. Cada vez es más difícil andar sin caerse.

A partir de un cierto punto el guía nos recomienda ponernos los guantes, por si hay que amortiguar una caída.


Con el piolet nos marca unos escalones sobre el hielo. De esta forma podemos continuar bajando, hasta que llegamos al impresionante desguace del glaciar.

Se me termina la batería de la cámara de video. No doy abasto con todo lo que veo.

Todavía tenemos por delante 45 minutos a pie hasta llegar a la estación de ferrocarril de Morteratsch. Allí debemos tomar el tren para regresar a la estación de Bernina Diavolezza, donde aguardan las autocaravanas. Aceleramos el paso, pues el último tren pasa a las 17:13 y ya son las 16:30.

Los pies prácticamente no nos responden después de haber bajado unos 1.000 metros de desnivel por este terreno, bastante complicado, en un trayecto de 10 km. de longitud.

El paisaje ha sido grandioso, y en este último trayecto tenemos ocasión de ver cómo ha retrocedido el glaciar estos últimos años. Unos indicadores en el camino indican hasta dónde llegaba el hielo en distintos años y décadas.


Llegamos a la estación, compramos los billetes en una máquina expendedora y subimos a un vagón de segunda clase, correspondiente a un puntualísimo tren rojo de Rätische Bahnen.

Quedamos maravillados por el tren de cercanías, con las comodidades de un tren de largo recorrido: nuevo, confortable, limpio, cómodo, con pantallas informativas bien visibles. El revisor comprueba nuestros billetes y bajamos en Diavolezza.

Recogemos las autocaravanas. Bajamos a la par que un tren que está circulando en el mismo sentido que nosotros. Debido a ello, en un par de ocasiones nos encontramos cerradas las barreras de los pasos a nivel.


Llegamos al camping. El Hotel Bus también ha regresado. Las dos autocaravanas continúan, en busca de una nueva parcela, pues la de anoche se ha ocupado.

Mientras tanto, yo me voy a la entrada, a recoger a Mateo.

Claudia llega con exquisita puntualidad. Mateo se me echa encima, sin reprimir un ápice su alegría desbordante por verme de nuevo. Le pago a Claudia por el impecable servicio y le agradezco el trato que ha tenido para con Mateo. Ella me enseña unas fotos que le ha hecho hoy, bañándose en el río.

Claudia ha venido con Putin (su perro) y Sacha (su hijo). Quiere enseñarle a Sacha el camping, que ella conoce bien. Le encanta por lo integrado que está en la naturaleza. Así es, es un placer descubrir nuevos rincones de este lugar.

Nos cruzamos con un perro que lleva una pierna escayolada, y con otro perro que viene a saludarnos.

Claudia me cuenta que Mateo se ha portado muy bien todo el día, que no ha ladrado ni llorado. Que es muy bueno con los niños y con los otros perros, inclusive con uno pequeño.

Me despido de ella, le agradezco enormemente el trato dispensado a Mateo, y quedo en contacto por correo con ella. Nos hemos mandado algunas fotos estos meses posteriores.

Llego a la autocaravana, las niñas ya se han ido a las duchas, después lo haremos David y yo.

Preparamos un pica-pica en las mesas exteriores. Cenamos, en nuestro caso a base de Rösti (ese gran invento suizo) y chuletas a la plancha.

Cerramos la jornada todos juntos en la autocaravana de Carlos y Esther: Celebramos el cumpleaños de Alba y no falta el preceptivo pastel de aniversario. Aina y Xènia también le han preparado un detalle, envuelto en papel decorado por ellas mismas.

El día ha sido duro y ha empezado temprano. Las piernas ya no pueden más. El alma quizás tampoco.

Nos retiramos, aunque yo todavía escribo estas líneas, casi durmiéndome encima del bloc de notas.

Teleférico Diavolezza: 61,60 CHF

Excursión guiada por el glaciar: 160 CHF

Día de guardería de Mateo con Claudia: 60 CHF

Tren Morteratsch – Diavolezza: 5,20 CHF

JUEVES, 16 AGOSTO:  PONTRESINA - TIEFENCASTEL, 62 KM

JACUZZI CON VISTAS AL GLACIAR


Nos levantamos a las 8:35. Fuera hay 10.7ºC de temperatura. Al poco rato empieza a llover. No podemos desayunar fuera de la autocaravana, tal como nos habría gustado.

No obstante, le pongo el chubasquero a Mateo (hoy es el primer día de estas vacaciones que lo usamos) y salimos a dar un paseo.

Tras el desayuno nos despedimos de Carlos, Esther y familia, a quienes todavía les quedan dos semanas de vacaciones. Nosotros ya estamos en la recta final.


Vaciamos y llenamos, Xènia deposita su última postal de estas vacaciones en el buzón del camping, y salimos del mismo, tras cuatro noches de estancia. Son las 12:10, hay 11.5ºC de temperatura exterior y tenemos 113.017 km en el marcador.

Aparcamos en la estación inferior de Diavolezza, igual que hicimos ayer.

Hoy no toca caminar, sino disfrutar de un jacuzzi de burbujas a 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, calentado por fuego de leña. Todo un lujo, situado frente a un glaciar.

El día se ha abierto, ha salido el sol y el cielo es de un intenso color azul.

Preparamos las mochilas con toallas y bañadores y nos dirigimos (hoy con Mateo) al teleférico. Pedimos billetes de ida y vuelta. Mateo también paga.


Llegamos a la estación superior a las 13:30. Tenemos el jacuzzi reservado para dentro de una hora, a las 14:30.

Entro en la recepción del hotel, son los dueños y gestores del jacuzzi. Les pregunto dónde podremos cambiarnos. Me comentan que ahora mismo están calentando el agua del jacuzzi, lo tendremos listo a las 14:30. Diez minutos antes debemos pasar por recepción. Nos entregarán las llaves de una habitación donde podremos cambiarnos.

Mientras tanto, nos sentamos alrededor de una mesa, en la terraza, desde la que vemos el jacuzzi con el glaciar de fondo.


Vamos a buscar unas bebidas y unas patatas y dejamos correr el tiempo, frente al magnífico decorado.

Nos ponemos nerviosos con cada turista que se acerca al jacuzzi. Casi todos meten la mano en el agua para comprobar su temperatura. En fin, paciencia…

A las 14:15 un chico comprueba la temperatura del agua con un termómetro, añade leña al fuego (el jacuzzi es como una gran olla de caldo) y mete un objeto dentro del agua, que inicia el burbujeo.

Pasamos por recepción. Nos facilitan 4 albornoces, 4 toallas y 4 pares de zapatillas, todo ello de rizo de color blanco. Además nos dan la llave de la habitación número 1, en la que podemos dejar todas nuestras cosas de valor y llevarnos la llave al jacuzzi, ya que la tenemos asignada durante este rato.


Pregunto cuánto tiempo podemos permanecer en el agua. Tenemos reservada una hora, pero es recomendable que no estemos dentro del agua durante más de media hora, a fin de evitar dolores de cabeza y desvanecimientos, debidos a bajadas de presión.

Nos aconsejan bañarnos como si estuviéramos en una sauna: permanecer en el agua mientras resulte agradable, e ir entrando y saliendo.


Nos vamos a la habitación número 1. Mateo está autorizado a acompañarnos.

Es como un camarote de barco, con dos literas dobles y un lavamanos.

Nos ponemos nuestros bañadores, además de los albornoces y zapatillas blancos que nos han facilitado

Ahora nos toca cruzar el restaurante y la terraza vestidos de esta guisa, parecemos extraterrestres entre los abundantes excursionistas vestidos de vivos colores.

Pero quien se lleva la palma es Mateo, que acapara un nutrido grupo de público haciéndole fotos (pese a no haberse puesto albornoz…).


Vamos entrando en la olla del caldo. Disparamos unas fotos, filmamos, y una vez todos dentrodel chup-chup, con el glaciar de fondo, se nos aproxima un camarero. Nos pregunta si nos apetece beber algo. ¡Espectacular!. Cerveza, refrescos, y una copita de prosecco, dentro del baño de burbujas. ¿Qué más se puede pedir?

Me acaloro, salgo del agua, y coloco a Mateo debajo de la mesa en la que hemos dejado los albornoces y toallas. De esta forma él puede estar a la sombra. Una señora le ha pedido al camarero que le traiga un cuenco con agua (aunque yo le iba dando de vez en cuando).


Vamos entrando y saliendo en la “olla”, hasta que damos el baño por terminado, y nos terminamos las bebidas sentados ante la mesa, con los albornoces puestos.

Entramos en el hotel, vamos a la habitación. Xènia se ducha. Hay una ducha comunitaria para todas las habitaciones. Un cartel ruega ahorrar agua, pues la suben en bidones, en el teleférico.


Devolvemos las toallas y albornoces en recepción, así como la llave. Nos dicen que podemos quedarnos con las zapatillas a modo de recuerdo.

Pagamos por las bebidas que nos han servido en el jacuzzi (por cierto, al mismo precio que cuando hemos ido nosotros a por ellas en el autoservicio de la tienda).

Dos de los camareros le dicen muchas cosas a Mateo. Son italianos y no cesan de exclamar “bellissimo”, comentando entre ellos que somos catalanes.

Salimos a la terraza, para tomar más fotos del glaciar. La luz ha cambiado de ángulo.


Una familia nos pregunta si podemos hacerles una foto. Luego ellos nos la hacen a nosotros.

Bromeando, nos dicen que son de Madrid, pero que son “buenos” …

Entablamos conversación acerca de algunos viajes que hemos hecho unos y otros. Ellos ahora deben regresar a Italia, donde tienen unos amigos que están esperándoles, precisamente catalanes.

Pasamos por la tienda de recuerdos, donde compramos unos llaveros Converse, una funda muy suiza para el teléfono móvil de Aina, un San Bernardo de peluche para Xènia, unos paños de cocina para las abuelas y para nosotros. Y un divertido imán para la nevera de casa, en forma de tableta de chocolate suizo.

Nos vamos hacia el teleférico. Ya sólo bajará uno más, el último. El de las 17:30.

Ya abajo, mientras andamos hacia la autocaravana, nos saludan varias personas que pasan en coche. Entre ellos, algún camarero de la estación superior, y la señora que despachaba billetes en la estación inferior. Esto de viajar con Mateo hace que todo el mundo se fije en nosotros. ¡Mejor dicho, en él!

Pongo a secar los bañadores en la autocaravana y ponemos rumbo a Zillis, aunque no lleguemos a nuestro objetivo, y pernoctemos en algún camping antes de llegar.


Cruzamos el Albula Pass (nos encantan los puertos de montaña), Bergün (una población que promete, alguna vez tendremos que visitarla), y Filisur (donde finalmente no fuimos para subir al tren panorámico de los domingos por la mañana).

Llegamos al camping de Tiefencastel.

Unos campistas motards nos dicen que la recepción está cerrada.

No obstante, nos aproximamos. En la casa azul (de los dueños) hay un cartel donde dice que no están. Que nos instalemos y volvamos a pasar por allí en otro momento.

Justo en ese preciso instante llega un coche con la dueña y un niño. Nos dice que ahora vendrá a la parcela.

Nos conecta a la luz. Charlamos sobre los idiomas que hablamos unos y otros. Ella habla alemán, romanche, francés e inglés. Nos entiende cuando hablamos catalán entre nosotros.

Le dice unas cosas a Mateo, y en aquel momento aparece su perro: Un labrador del que nos acaba de hablar. Juega un rato con Mateo.

Estamos intrigados y aprovechamos para preguntarle a la señora el significado de las escobas en las puertas de las casas. Nos dice que no cree que tenga otro sentido que la fama de los suizos de ser muy limpios.

Le indico que en algunas casas no parece que las escobas sean para usarlas, sino más bien parecen objetos decorativos: Están clavadas y son nuevas. Ella dice que la suya también es nueva, porque cada pocos días le desaparece …

Sacamos la mesa fuera, las niñas pasean a Mateo.

Hoy toca paella pre-cocinada y hamburguesas a la plancha. Ponemos las velitas “falsas” (de LEDs) y vemos cómo las casas e iglesias de alrededor se van iluminando. Definitivamente, estos ratos son vacaciones.

Las niñas se toman unos yogures (Aina una natilla de chocolate caliente) y David y yo unas infusiones con carquinyoli, mientras escribo estas líneas.

Recogemos.

David saca a Mateo a dar un paseo. Queda muy impresionado con unos erizos que cruzan la carretera hacia el campo vecino. Deben oler como los conejos, a juzgar por el interés de Mateo.

Camping Plauns 4 noches: 240 CHF

Camping Tiefencastel: 35 CHF

Jacuzzi Diavolezza: 72 CHF

Teleférico Diavolezza: 95,70 CHF

Bebidas Diavolezza: 23.20+31.50 CHF

Souvenirs: 104.20 CHF

VIERNES, 17 AGOSTO:  TIEFENCASTEL - ALBISOLA, 353 KM

ZILLIS,  VIA MALA,  SPLÜGEN E INICIO DEL REGRESO POR I TALIA


Nos levantamos a las 8:00.

Me ducho: Una moneda de 1 CHF alcanza para 4 minutos de ducha. Necesito dos monedas para lavarme la cabeza.

Nuestros vecinos motards recogen y se van.

Nosotros desayunamos fuera, a nuestro ritmo, disfrutando de estas últimas horas de vacaciones de verano por tierras suizas. De los paisajes verdes, las montañas y los chalets suizos.

A Aina se le descose su nueva funda (suiza) para el teléfono móvil; se la coso. Peino a Mateo.

Todo como si hoy no fuera el último día…

Recogemos los enseres y salimos. Son las 10:55, estamos a 23,7ºC y tenemos 113.079 km. en el marcador.

A la salida de Tiefencastel hay una gasolinera con supermercado. Repostamos y hacemos algo de compra, para no tener que parar más adelante.


Durante los primeros kilómetros evitaremos las autopistas. Circularemos por la Via Mala y queremos ver el paisaje. Aunque ahora pasemos de largo, sin detenernos, ya que esperamos llegar a la iglesia de Zillis antes de que cierren.

Hay quien considera esta iglesia la “Capilla Sixtina” de los Alpes, debido a la espléndida decoración de su techo de madera, formado por paneles minuciosamente pintados.

Llegamos a Zillis a las 11:45. Por suerte, la iglesia no cierra al mediodía. Dejamos a Mateo en la autocaravana, entretenido con una barrita limpia-dientes que le durará unos pocos segundos.

Le conectamos el VIESA, y cerramos el oscurecedor del lado del sol. Suponemos que los perros no deben estar autorizados en la iglesia.

Y efectivamente, no lo están.

Los niños a partir de 12 años (Xènia) pagan. Los menores, no (Aina).

Entramos en la iglesia. El techo es absolutamente remarcable.

Hay un cesto con unos espejos de mano a disposición de los visitantes, para poder observar los paneles con detenimiento y comodidad. Un detalle muy de agradecer.

En este preciso momento se le cae un diente a Aina. Esta noche esperamos que nos visite un hada de los dientes. Tradición anglosajona que ya hace unos años llegó a nuestra casa de la mano de un cuento infantil ilustrado, el cual iba acompañado de una preciosa bolsita de terciopelo en la que depositar el diente.

A la salida compramos una postal que reproduce algunas imágenes del fabuloso techo.

    

Regresamos a la autocaravana, donde Mateo nos dispensa un efusivo recibimiento.

Retrocedemos camino para visitar ahora la Via Mala. Tenemos suerte y encontramos aparcamiento en las inmediaciones. Pagamos la entrada en el quiosco y pregunto si es cierto que hay 300 escalones para llegar abajo, a lo que me responden que hay 320. Las niñas bajan contándolos.

Por el camino hay carteles que narran distintas anécdotas y leyendas atribuidas a este lugar.

Como el caso de un médico que debía asistir a un parto y a quien se le cayó el maletín en una tormenta. Fue encontrado años después por unos niños que jugaban en la zona. O un artista que durante una tormenta perdió todos sus dibujos, aparecidos tiempo después también aguas abajo.

O un viajante a quien una tormenta le derramó la carga de los bidones de vino, tornando roja el agua del río.


Sacamos unas fotos de la garganta y regresamos a la autocaravana. Estamos acalorados y hemos visto otras gargantas similares. No consideremos esta visita imprescindible, aunque sí recomendable.

En el rutómetro de hoy todavía figuran dos poblaciones Walser. Los Walser fueron emigrantes del Valais, quienesmarcharon en busca de nuevas tierras y fundaron nuevas poblaciones, donde se establecieron. En ellas el tiempo ha discurrido más despacio.


Una de estas poblaciones es Splügen, donde acabamos de llegar.

Splügen tiene algunas calles propias de postal suiza, formadas por casas de madera repletas de geranios y con grandes cantidades de leña muy bien colocada.

Según la guía, los aires de Splügen son un tanto italianizantes, debido a algunas construcciones de piedra con hierro forjado.


Nos detenemos en el hotel. Almorzaremos unos refrescos y helados. Nos auto-escribimos y enviamos la postal comprada en Zillis. Mañana sábado, a las nueve de la mañana, saldrá de Splügen.

Regresamos a la autocaravana, estamos bastante acalorados.

Todavía queremos visitar Hinterrhein. Seguimos evitando las autopistas. Es otra pequeña aldea Walser, las gallinas corretean por sus calles.

Con ella ponemos punto y final a las visitas previstas. Empieza el regreso a casa, por etapas.


Entramos en el Ticino por el paso de San Bernardino, rodeamos Bellinzona y Lugano, cruzamos la frontera italiana, circunvalamos Milano ypasamos cerca de Génova.

El gusanillo aprieta y compramos algún capricho para merendar en una gasolinera de la autopista. Los italianos son unos auténticos maestros en asuntos del comer.

Nos sorprenden los precios de los peajes, no tan elevados como en Francia o España.

Nos dirigimos a un camping: El “Caravan Park La Vesima”, en Génova, junto a Arenzano.

Esta zona es la costa ligur. Está densamente construida. Tal cantidad de cemento y gente nos resulta asfixiante.

Camino del camping vemos muchas autocaravanas aparcadas en el arcén de la carretera, con vistas al mar … y mucha ropa tendida.


Llegamos al camping. Son las ocho y media de la noche. En recepción hay unos espontáneos (parecen clientes con ganas de charla) que nos dicen que el camping está completo. Pero por alguna razón cambian de opinión y me comentan (es mi turno de conducción, voy yo al volante) que queda libre una plaza pequeña. Me piden que les acompañe a verla.

Se me cae el alma a los pies. El camping es una extensión de polvo y árboles, con caravanas amontonadas, bañadores (en el mejor de los casos) colgando de los compases de las ventanas, sin espacio para los avancés de las caravanas, y con unas autocaravanas encima de las otras.

El espacio que me ofrecen debe ser la mitad de una parcela, está pegado a una caravana cuyos propietarios están cenando al fresco, en la lanza!. Dos personas a cada lado de la misma. Es la primera vez que veo algo así.

Queríamos estar en un camping para cenar fuera….

Agradezco el ofrecimiento, y salimos por piernas. Las niñas confiesan que habría habido motín a bordo si hubiera aceptado quedarme.

Nos dirigimos al siguiente PDI. Esta vez elegimos un área que no esté situada junto al mar (para tener algo de espacio vital). En Albisola Superiore. Resulta no ser un área, sino un aparcamiento público situado junto a los servicios correspondientes a un campo de fútbol.

Nos quedamos. Se ha hecho tarde y no creemos que podamos mejorar en mucho nuestras opciones. Todavía estamos a 6 horas de Gruissan, no nos apetece continuar ruta.


Cenamos, un tanto alicaídos. Hace 24 horas estábamos en un prado suizo. Ahora ocupamos plaza en un aparcamiento urbano. La zona no parece peligrosa, pero no tiene ningún encanto.

Además he extraviado el diente de Aina, y tanto ella como yo nos llevamos un tremendo disgusto.

Conectamos el Viesa, escribo estas líneas, y espero que esta noche el hada de los dientes se porte muy bien con Aineta.

Duchas: 2 CHF

Diesel: 113.080 km, 38,58 litros, 1,970 CHF/litro, 76 CHF. Consumo promedio de 12,82 litros a los 100 en este repostaje

Supermercado: 140,20 CHF

Iglesia Zillis: 8 CHF

Entradas Via Mala: 16 CHF

Cervezas y helados Splügen: 30,20 CHF

Postal y sello: 3,20 CHF

Peajes italianos: 2+2,8+10+1,4 EUR

Diesel: 63,51 EUR, 113.310 km, 34,07 litros, 1,864 EUR/litro. Resultan 13,68 litros a los 100 km entre los dos repostajes.

Compra de merienda en gasolinera de autopista italiana: 7 EUR.

SÁBADO, 18 AGOSTO 2012:  ALBISOLA –  GRUISSAN , 530 KM

PINCHAZO,  MARISCO Y FUEGOS ARTI FICIALES


Nos levantamos poco después de las 07:00. En el exterior ya hay 27,2ºC de temperatura, estamos bastante acalorados.

El hada de los dientes le ha traído a Aina una libreta y una caja muy bonitas. Ella está encantada. ¡Y yo también!

Queremos irnos a desayunar a algún lugar atractivo. Le doy un rápido paseo a Mateo y cuando regreso a la autocaravana, David me comunica que tenemos un pinchazo en una rueda.

Llamamos a Allianz para solicitar asistencia, tras haber comprobado cuál es nuestra posición exacta.

Estamos junto a un gran P+R, desde el que un trenecito lleva a la gente hacia la playa en un determinado horario (todavía falta un rato para el primer servicio).

Desayunamos algo mientras esperamos.

Al cabo de media hora llega la grúa de la asistencia, en el preciso momento en el que Allianz nos está llamando para preguntarnos por ella. El servicio es impecable.

El gruísta decide hincharnos la rueda (mejor que subir la autocaravana a la plataforma) y acompañarnos hasta el “gomista”.

Salimos del aparcamiento a las 9:24, con 29ºC de temperatura exterior y 113.432 km. en el marcador.


En el “gomista” sacan la rueda trasera para ver dónde está el problema. Primero les parece que se ha roto la válvula, aunque luego nos dicen que es un problema de la soldadura de la válvula a la llanta. Nos colocan una cámara en el neumático, para que podamos reanudar ruta.

No acaban de convencerse para cambiar la rueda averiada por la de repuesto, que llevamos sujeta por un cable a los bajos del chasis.

A las 10:15 estamos rodando de nuevo.

Es domingo y las calles de Albisola son un continuo trasiego de gentes que se dirigen a pie a la playa, acarreando consigo todo tipo de hinchables.

De nuevo en ruta. Hay mucho cemento en el paisaje, esta zona está densamente construida.

A las 10:23 de la mañana hay 32ºC de temperatura exterior, y a las 10:37 ya son 35ºC.

Llamo a mis padres. Mi madre me confirma que para hoy se esperan las temperaturas máximas de una importante ola de calor.

Nos detenemos en un área de autopista para vaciar grises y llenar agua. No vemos muy claro cómo vaciar el químico, decidimos hacerlo más adelante, una vez en Francia.

El paisaje está repleto de pequeños montes, casas e invernaderos.

Cruzamos la frontera francesa. Pasamos, sin verla, por encima de Mónaco.

Repostamos y nos detenemos en un área de descanso, justo después de la bifurcación entre Toulon y Aix-en-Provence.

Saco a Mateo a dar un breve paseo, hace muchísimo calor. Como si saliera fuego del suelo.

Toca almuerzo dominical: berberechos, aceitunas, atún y patatas (con ketchup o mayonesa según el gusto).

Vaciamos el químico y reanudamos ruta.

Llegamos a Gruissan a las 19:15. La Perle Gruissanaise cierra a las 19:00, pero debemos agradecerles que todavía nos despachen el marisco que cenaremos hoy: ostras, mejillones, almejas y tallarines.

Nos calzamos las chanclas y nos vamos a la playa. Las niñas quieren hacer volar la cometa.


Recojo una concha. Cuando ayer extravié el diente de Aina, le dije que le llenaría una con besos. Ella la guarda en su caja nueva, la que le ha traído el hada de los dientes.


Casi oscurece mientras seguimos haciendo volar la cometa.

Volvemos a la autocaravana, nos lavamos los pies con la ducha exterior, nos duchamos (en la ducha interior) y cenamos marisco. Sopla una brisa de lo más agradable. Acabamos poniéndonos las chaquetas “Red Family”.

  

Por si el decorado de Gruissan iluminada no fuera suficiente, hay fuegos artificiales. Debe ser fin de fiestas. Y para nosotros, de vacaciones.

Una vez lavados los platos nos extendemos en la sobremesa. Se hace tarde, pero se está tan a gusto …

Reparación neumático: 35 EUR + 10 EUR propina

Peajes: 18,40+3,3+2,30+4,40+20,90+4,20+8,10+12,50

Diesel: 113558 km / 1,609 €/l / 49,96 €, 31,05 litros

Diesel: 113844 km / 1,569 €/l / 68,55 €, 43,69 litros (promedio de 14 litros / 100 km en esta jornada)

Marisco: 42,24 €

DOMINGO, 19 AGOSTO:  GRUISSAN - CENTELLES, 221 KM

DE VUELTA A CASA


Nos levantamos a las 8:30. Fuera hay 23,3ºC de temperatura. La noche ha sido fresca. Hemos dormido con un par de ventanas abiertas y en esta zona siempre sopla el viento.

Una buena noche para cerrar el viaje y compensar la anterior, italiana y urbana.

Desayunamos fuera y disfrutamos de un rato contemplando los veleros entrando y saliendo del puerto deportivo.

Mateo sigue en su línea: cena bien, pero no se termina el desayuno. A ver si se normaliza al llegar a casa.

Hago una lista de la compra con todo lo que habrá que reponer en la autocaravana.


Escribo estas líneas deseando detener el tiempo, pero esto se está terminando. Habrá que empezar a preparar las próximas vacaciones…

Pasamos por La Perle Gruissanaise para comprar algo más de marisco y llevarlo a casa: Tallarines, mejillones, buey de mar, gambas y caracoles de mar.

Hay una elevada humedad ambiente, sudamos sin cesar.

Empieza el regreso a casa. Arrancamos a las 12:25, con 27,5ºC de temperatura exterior y 113.962 km. en el marcador.

Cruzamos Gruissan, siempre tan ordenada.

Todavía nos detenemos para comprar fruta en uno de los puestos de carretera que vimos ayer al pasar: Sandía, melón, paraguayos, albaricoques, higos (a las niñas y a mí nos encantan) y unos pepinos para preparar un gin tonic Hendrick’s cuando lleguemos a casa.

El aire acondicionado tiene un “yuyu” y durante este trayecto enfría menos de lo que es habitual.

Paramos para repostar y cambiar de conductor. El aire acondicionado vuelve a funcionar con normalidad. Algo debe pasarle. Cruzamos Olot.

Teníamos intención de parar a repostar y lavar la autocaravana en el hipermercado Esclat, como hacemos habitualmente, pero tienen una avería eléctrica y calculan que tardarán media hora en volver a estar operativos. O sea que continuamos hacia casa.

Llegamos a casa a las 16:02, con 114.183 km. en el marcador.

Cuando ya llevamos media hora delante de casa, vaciando la autocaravana, oigo un ruido similar al de un aspersor de agua. Se está deshinchando la rueda siniestrada, se le ha roto la válvula.

Metemos la autocaravana en el garaje (delante de casa), donde acabamos de vaciarla y limpiarla.

David la deja levantada con un gato hidráulico para evitar que el neumático sufra. El taller todavía tardará una semana en abrir tras las vacaciones estivales.

La avería acabará siendo debida a una grieta en la llanta, provocada por fatiga, y tocará cambiar la llanta.

Somos conscientes de la inmensa suerte que hemos tenido por no quedarnos tirados en Gruissan ni por el camino. David comenta que hay que agradecer a los Santos Patronos de ayer y de hoy el hecho de que ya estemos en casa, al fresco en la terraza (en plena ola de calor), cenando marisco y con la lavadora funcionando a toda máquina.

Marisco: 59,83 EUR

Fruta: 8,15 EUR

Peajes: 7,70+3,25 EUR

Diesel: 30,01 Eur, 19,82 litros, 1,514 €/litro, 114.100 km

ANEXO I : RUTA




ANEXO II : CIFRAS

Días de viaje:   23

Kilómetros:  3.184



Concepto e Importe (€)

Entradas y billetes:   1259,63

Supermercado:         1162,35

Bares y restaurantes:  871,05

Campings y parkings:   731,48

Diesel:                      626,50

Souvenirs:                 484,45

Peajes:                     225,76

Hospital:                   219,12

Taller:                        45,00

TOTAL:                  5.625,34

ANEXO III : COORDENADAS

 

EvaV

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