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Rincones de Portugal Destacado

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Qué ver en Portugal

 

Porto y Norte de Portugal

Portugal nació en la región Porto y Norte, en la que, en el siglo XII, los portugueses se convirtieron en un pueblo y en una nación.

Oporto (Porto) es la segunda ciudad más importante de Portugal después de Lisboa. Tiene 263.000 habitantes, y 1.551.0950 en el área metropolitana.

GPS: 41.159682, -8.625115

Se encuentra en el norte del país, en la ribera norte del Duero, en su desembocadura en el Océano Atlántico.

Dicen que esta ciudad tiene un cierto aire británico, desde que se asentaron los comerciantes ingleses del vino.

Se dice que Lisboa se divierte, Coimbra canta, Braga reza y Oporto trabaja.

Su Centro Histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Porto, ciudad Patrimonio Mundial, es la puerta de entrada y el punto de partida de un viaje por la diversidad natural y cultural de la región.

Se la conoce por el vino de Porto, pero también por un patrimonio, que combina la antigüedad de las iglesias y de los monumentos (como la Catedral o la Iglesia de San Francisco) con la contemporaneidad de edificios, como la Casa de la Música,  el Museo de Serralves o la Escuela de Arquitectura.

Oporto

El río Duero atraviesa la región. Entra en Portugal entre los barrancos y montañas del interior para recorrer todo el paisaje en el que se cultivan los vinos de Porto y de Douro.

En esta zona de montañas y parques naturales, el patrimonio se reparte entre castillos, como el de Guimarães,  santuarios e iglesias que, en verano, son escenario de romerías.

Junto a las ermitas rurales encontramos el barroco del Norte de Portugal, realizado en granito y talla dorada. En las ciudades que han sabido conservar la escala humana, como Viana do Castelo, Braga, Lamego, Chaves o Vila Real, o en las casas solariegas y señoriales, encontramos al portugués más auténtico, a aquel que le gusta compartir su mesa, sus costumbres y sus tradiciones.

Porto es conocida por su gente, de trato amable y generoso pero, también, por el Duero y el patrimonio de sus dos orillas: puentes y monumentos, azulejos, balcones floridos y calles comerciales.

El centro histórico de Oporto y la orilla del río Duero, donde se encuentran las bodegas del vino de Oporto (del lado de Gaia), están catalogados como Patrimonio Mundial.

La estación de São Bento, con su vestíbulo revestido de azulejos, es el lugar ideal para iniciar tu recorrido por la ciudad. Un poco más adelante, no debes perderte la catedral, desde cuyo atrio podrás disfrutar de la primera panorámica del río, de las casas y de la otra orilla.

Desde allí, puedes bajar por escaleras y calles medievales hasta Ribeira, con terrazas y rincones pintorescos. Antes de embarcarte en un crucero bajo los seis puentes de Oporto, merece la pena que te quedes aquí un rato para respirar el ambiente e impregnarte del río, con el puente D. Luís y la orilla opuesta.

Después de ver, desde el río, la silueta de las casas y de las torres de las iglesias, vale la pena ver el interior dorado de la Iglesia de San Francisco.

Desde ahí, puedes atisbar más iglesias y monumentos, azulejos en las fachadas y visitar el Palacio de la Bolsa. Saliendo desde el río, el tranvía realiza un recorrido que llega hasta Foz, donde podrás dar un paseo y llenarte los pulmones con la brisa del mar.

Allí empieza la Av. da Boavista. No muy lejos queda Serralves, con jardines para pasear o descansar y, exposiciones de arte contemporáneo.

Oporto

Junto a la Rotonda de Boavista se encuentra la Casa de la Música, imponente por su forma arquitectónica y su cartel cultural. Si te van las compras, en esta zona puedes encontrar buenas tiendas. Pero también puedes encontrarlas junto a la Av. dos Aliados.

De camino, quedan los jardines del Palacio de Cristal, con otra panorámica sobre el río, y el Museo Soares dos Reis. Otro jardín, lleno de esculturas, es el de la Cordoaria, rodeado de iglesias y de otros monumentos. Merece la pena subir a la Torre de los Clérigos para disfrutar de una nueva panorámica sobre Oporto.

Allí mismo se encuentra la Librería Lello, la que inspiró las historias de Harry Potter.

Continuamos a pie hasta Aliados, pasando por tiendas y edificios modernistas. Tras conocer esta amplia avenida, merece la pena seguir hasta la peatonal Rua de Santa Catarina, ideal para los adictos a las compras. El Café Majestic resulta ideal para realizar una pausa.

Todavía falta ir a la orilla sur del río para visitar las bodegas de vino de Oporto y probar el vino en su peculiar entorno. Desde Ribeira, podemos atravesar andando el puente D. Luís y ver, desde este lado, una de las panorámicas más bonitas de Oporto. Y, además, puedes dar una vuelta en el teleférico de Gaia, que sube y baja por este lado del río.

En términos gastronómicos, este lado del muelle es una buena opción, pero en Ribeira también hay multitud de restaurantes y terrazas, igual que en Foz, con bellas vistas al mar.

Centro de Portugal

En el interior, macizos montañosos y aldeas de granito y esquisto. Junto al mar, poblaciones pesqueras y playas cosmopolitas en las que los deportes náuticos ofrecen aventuras, diariamente. Y en todas partes, el patrimonio milenario muestra con orgullo la historia de esta región.

Algunos de estos lugares tienen tanta importancia para la humanidad que la UNESCO los incluyó en la lista de Patrimonio Mundial. Es el caso de los Monasterios de Alcobaça y de Batalha, del Convento de Cristo en Tomar y de la Universidad de Coímbra.

Coimbra

GPS: 40.200162, -8.406321

Ciudad de calles estrechas, patios, escaleras y arcos medievales, Coimbra fue la cuna del nacimiento de seis reyes portugueses y de la primera dinastía, así como de la primera Universidad de Portugal y una de las más antiguas de Europa.

Coimbra presenta una estructura urbana dividida entre la ciudad alta (Alta o Almedina), donde vivían los aristócratas, los clérigos y, más tarde, los estudiantes, y por Baja, la zona del comercio, de los artesanos y de los barrios junto al río.

Coimbra

En el mes de mayo, se celebra la fiesta de la Queima das Fitas (Quema de las Cintas, antigua tradición relacionada con la historia de la Universidad).

Otros monumentos interesantes de visitar de Coimbra son: Sede antigua de la Universidad de Coimbra, Biblioteca Joanina, Capilla de San Miguel, Arcos y Puerta de la Almedina, Arcos del Jardín, Sé Nova (Catedral Nueva), Sé Velha (Catedral Antigua), y el Jardín Botánico.

Pero hay otros lugares con características únicas que también merece la pena descubrir. Por ejemplo, las Aldeas Históricas y los castillos que defendieron las fronteras de la nación. Las Aldeas de esquisto y las villas de casas blancas, como Óbidos (una belleza amurallada).

Y las ciudades de esta región, en las que la modernidad se alía con la tradición: Coímbra con los estudiantes, Aveiro entre la ría y el mar, y Viseu, Guarda y Castelo Branco, en las que, en la arquitectura de piedra, se mantiene trazos de un antiguo pasado.

Viseu

En las montañas destaca la sierra de la Estrella, la más alta de Portugal continental, con paisajes interminables y lagos glaciares. O las sierras de Lousã, Açor y Caramulo, en las que los senderos pedestres y los senderos ciclistas ofrecen caminos para descubrir la naturaleza.

Pero aquí también podrás practicar la escalada, el rappel, el rafting o el piragüismo, como en el Geoparque Naturtejo, cuidado territorio en el que conviven varias especies de aves y animales.

Las aguas cristalinas que brotan de los manantiales termales equilibran el cuerpo y el alma, hasta al más desvencijado. Las playas fluviales (rodeadas por bosques), o el mar abierto en el litoral atlántico, nos refrescan el ánimo en los cálidos días de verano.

Los más surferos, en Peniche encuentraréis olas perfectas y, en Nazaré, incluso gigantes.

Aveiro

Para reconfortar el estómago hay sabores para todos los paladares. Quesos y embutidos, calderetas de pescado y cochinillo asado o, la miel y la repostería conventual. Los vinos de las regiones demarcadas elevan el espíritu al más decaído.

Escondidas entre sierras de frondosa vegetación, las aldeas de Esquisto son uno de los lugares menos conocidos de Portugal.

En este mundo mágico, en el que las horas pasan más despacio, viven acogedoras poblaciones con tiempo para recibir a quién las visita y compartir sus historias, artes y tradiciones, así como sus delicias gastronómicas y la artesanía de lino o madera.

Obidos

Pero su encanto radica, principalmente, en la naturaleza en estado puro. En sus playas fluviales y en los bosques que se pueden descubrir a pie siguiendo los “Caminos de Esquisto” (Caminhos do xisto), o los senderos para ir en bicicleta. También existen otras alternativas para los aficionados a la multiaventura: piragüismo, escalada, rappel y tirolina.

Serra-da-Estrela

Estas 27 aldeas de Esquisto, que deben su nombre a la piedra utilizada en la construcción de las casas, se extienden por las sierras de Lousã y Açor, hasta cerca de la Serra da Estrela. Las diferentes tonalidades de esta roca, también utilizada en los pavimentos de las estrechas y sinuosas calles, se mezclan perfectamente con los colores del paisaje natural, por lo que no siempre resulta fácil distinguirlas.

Pero vale la pena intentarlo...

aldeas

Región de Lisboa (Portugal)

Lisboa es la capital de Portugal, así como su mayor ciudad. Se encuentra situada en el estuario del río Tajo (Tejo), en la costa atlántica. También es la capital del Distrito de Lisboa.

GPS: 38.716823, -9.142010

El núcleo histórico se divide, básicamente, en tres barrios: La Baixa Pombalina de Lisboa, El Barrio de la Alfama de Lisboa y El Barrio Alto de Lisboa.

Puedes empezar visitando el Mosteiro dos Jerónimos de Belem (máximo exponente de la obra arquitectónica de Lisboa) y seguir por la Torre de Belem (sobre el río Tajo).

Entre sus museos podemos sugerir: el Museo Nacional do Azulejo y el Museo Caoluste Gulbenkain.

Otros monumentos interesantes: La "Casa dos Bicos", El Castillo de San Jorge, La Catedral de Lisboa o (siglo XII), El Elevador de Santa Justa (ascensor que unía los barrios de la Baixa Pombalina con el Barrio Alto. Fue construido a principios del siglo XX), La Estación de Rossio, la Estufa Fría de Lisboa, El Oceanario de Lisboa, La Plaza del Comercio (siglo XVIII) y El Zoo de Lisboa.

Lisboa

En una ciudad que ha recibido muchas y diferentes culturas venidas de lejos y, a lo largo del tiempo, todavía, hoy, se siente un ambiente rústico en cada barrio histórico.

Puedes recorrer la cuadrícula de calles de la Baixa pombalina que se abre al Tajo en Praça do Comércio y, siguiendo el río, conocer algunos de los lugares más bonitos de la ciudad: la zona monumental de Belém con monumentos del Patrimonio Mundial, barrios medievales y, también, zonas de ocio más recientes y contemporáneas, como el Parque de las Naciones.

Siguiendo por la desembocadura del río, comprenderás porqué dicen que Lisboa es el centro de un amplio resort... Por la carretera de la costa conocerás playas y lugares de veraneo que combinan villas y hoteles de principios del siglo XX con puertos deportivos, terrazas y campos de golf.

Siguiendo por la costa encontrarás playas surferas de fama mundial, pero también palacios repartidos por el paisaje cultural de Sintra, Patrimonio Mundial.

sintra

Tanto al norte como al sur de la capital, la gran variedad de paisajes y de patrimonio se encuentra siempre a poca distancia. Con playas, parques naturales, recorridos culturales y alojamientos para todos los gustos.



Hay tanto que ver y que hacer, que resulta difícil tener tiempo suficiente para ver todo, detenidamente. Te presentamos una selección, de las muchas posibles, de todo lo que no debes perderte en la capital portuguesa:

Subir al Castillo de San Jorge y pasear por Alfama

Si pasas por Lisboa y no vas al Castillo de San Jorge te perderás, con total seguridad, un momento inolvidable. Es el punto más alto de la ciudad, en el medio de los barrios más típicos.

Escuchar un fado

Te guste o no este estilo de música, en Lisboa, cenar a la luz de las velas mientras escuchas el fado es una buena forma de cenar. También puedes asistir al Festival de Fados de Lisboa.

Ir a Terreiro do Paço

La mayor plaza de Lisboa es también una de las más emblemáticas, símbolo de la ciudad y de su reconstrucción después del gran terremoto de 1755. En la actualidad es, principalmente, un espacio para pasear a la orilla del río, al caer la tarde. La vista del río durante un paseo en barco también resulta muy recomendable.

Subir en el ascensor Santa Justa

Ofrece unas vistas envidiables sobre esta parte antigua de Lisboa, además de ser muy curioso viajar en este ascensor de más de cien años diseñado por Ponsard, discípulo del gran maestro Gustave Eiffel.

Viajar en tranvía

Es un medio de transporte habitual para los lisboetas, pero también una de las mejores maneras de recorrer los barrios históricos.

Visitar el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém

Lisboa cuenta con dos monumentos únicos Patrimonio Mundial. Son dos joyas del gótico manuelino que impresionan fácilmente a cualquiera. Además de las bóvedas trabajadas en piedra (que constituyen una admirable obra de ingeniería), la riqueza de los elementos decorativos relacionados con aspectos marítimos y con los viajes de los navegantes, resulta fascinante.

Probar un pastel de Belém

Es un emblema de la gastronomía portuguesa y tiene una receta secreta muy bien guardada que los hace únicos. Recomendable, tomarlo con un café.

Visitar el Oceanario, en el Parque de las Naciones

El Parque de las Naciones es un ejemplo de éxito en la revitalización de una zona industrial, con un emplazamiento privilegiado a la orilla del río. Merece la pena visitar el Oceanario, uno de los mayores de Europa, en el que se puede ver fauna y flora de los diversos océanos del planeta.

Visitar el Museo Nacional del Azulejo y el Museo de los Coches

Dos museos únicos en el mundo. Uno cuenta la historia del azulejo en Portugal, desde sus primeras aplicaciones en paredes en el siglo XVI hasta la actualidad. El otro cuenta con una envidiable colección de coches, con excelentes modelos del siglo XVIII, exuberantemente decorados con pinturas y talla dorada.

Cenar en Bairro Alto

Lisboa también es famosa por su animada y bulliciosa noche. Nada como acabar el día en uno de los miradores, el de Santa Catarina o el de São Pedro de Alcântara y, quedarse a cenar en Bairro Alto.

lisboa

Alentejo (Portugal)

Las interminables planicies comienzan junto al Tajo. Si al norte el ritmo viene marcado por el verde de la campiña, al sur, el paisaje se combina con el sol, el calor y con un ritmo acompasado. Es el Alentejo.

Al norte, los pastos de los esteros; en el extenso interior, la inmensa llanura, mieses ondulando al viento; en el litoral, playas salvajes de una belleza inexplorada.

La amplitud del paisaje se ve rota por alcornoques y olivos que resisten el paso del tiempo. Santarém es un mirador natural sobre la inmensidad del Tajo. Aquí y allí se yergue un recinto amurallado, como Marvão o Monsaraz, o la antigüedad de un anta que nos recuerda la magia del lugar.

En los montes, casas blancas de planta baja coronan pequeñas elevaciones, los castillos evocan luchas y conquistas y, los patios y los jardines son testimonio de influencias árabes, que moldearon pueblo y naturaleza.

santarem

En el Alentejo, la fuerza de la tierra marca el tiempo y, ciudades como Elvas y Évora, catalogadas Patrimonio Mundial, son una muestra de la tenacidad de su gente. Tal vez por eso, aquí la cultura y la espiritualidad tienen un carácter propio.

También encontrarás recuerdos del pasado en otras ciudades como Santarém, Portalegre y Beja, o en las antiguas juderías, especialmente en Castelo de Vide.

Evora

La llanura se presta para paseos a pie o en bicicleta, pero los caballos también forman parte del lugar. Puedes combinar esos paseos con la observación de aves y, en presas como la del Alqueva, con la serenidad de las aguas o con la contemplación del cielo estrellado.

Pero, por otra parte, tampoco puedes dejar de explorar el litoral. En él, el paisaje es alto y escarpado, con pequeñas playas abrigadas entre escarpas, muchas de las ellas resultan ideales para el surf. Y también huele a campo, a las hierbas aromáticas que aderezan pescados, mariscos y otros platos regionales que se acompañan con excelentes vinos de la región.

Portugal cuenta entre su patrimonio cultural con una expresión musical genuina, única en el mundo, que es el cante alentejano, reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

El cante alentejano se interpreta por coros formados por hombres y mujeres sin ningún instrumento musical y, es una manifestación popular característica de los municipios del distrito de Beja, en la región históricamente conocida como Bajo Alentejo. 

Algarve (Portugal)

Desde aquí los portugueses iniciaron, en el siglo XV, la epopeya que los llevó al encuentro de otros pueblos y culturas…

Es una de las zonas de Portugal que más visitantes recibe, quizá, por el clima suave (con mucho sol durante todo el año) y, por sus playas.

Playas de excelente calidad. Interminables arenales, limitados por acantilados dorados, islas casi deshabitadas que marcan la frontera entre Ria Formosa y el mar o, pequeñas bahías, resguardadas por las rocas.

El océano, con todos sus tonos de azul, casi siempre tranquilo y cálido, incita a dar largos baños y a la práctica de deportes náuticos.

algarve

Pero el Algarve no es sólo playa. También está la sierra. Sierra en la que las personas viven en armonía con la naturaleza y mantienen tradiciones interesantes de conocer.

Y las ciudades: Silves conserva vestigios del pasado árabe y Lagos de la época de los Descubrimientos. Más cosmopolitas, Portimão y Albufeira viven días y noches llenos de animación. Tavira es un escaparate de la arquitectura tradicional y Faro, la puerta de entrada a la región. Merecen, todas ellas, una visita pausada para conocer su bello centro histórico.

Faro

Para relajarse, nada mejor que los distintos tipos de tratamientos en los spas, centros de talasoterapia y en las Termas de Monchique.

Senderos para recorrer a pie o en bicicleta permiten conocer la región, como la Vía Algarviana por el interior o la Ruta Vicentina por uno de los tramos de costa mejor conservados de Europa. Los paseos en barco son otra forma ecológica de observar la fauna y la flora de la zona.

portimao

La gastronomía, en la que destacan los pescados y mariscos frescos, a la parrilla o en cataplanas. Aunque también hay platos de carne (más habituales en el interior) y, dulces de almendra e higo, como los morgados o los Dom Rodrigos, que se pueden acompañar con licor de almendras amargas o aguardiente de madroño.

Azores

Al este, en la isla de Santa María, las playas son cálidas y de arena clara y, los viñedos que cubren las laderas dispuestas en anfiteatro recuerdan a escaleras para gigantes. São Miguel, la mayor isla, cautiva por sus lagunas de Sete Cidades y de Fogo.

La fuerza que emana de la tierra se deja sentir en los géiseres, en las aguas termales calientes y en los lagos volcánicos, así como en el sabroso “cocido de Furnas”, que se cocina lentamente en el interior de la tierra.

En el Grupo Central, las islas Terceira, São Jorge, Pico, Faial y Graciosa se disponen armoniosamente en un mar rodeadas de ballenas y delfines. Angra do Heroísmo está catalogada como Patrimonio Mundial.

Faial es el fresco azul de las hortensias, el puerto deportivo coloreado por las pinturas de los navegantes llegados de todo el mundo y el volcán de Capelinhos que, ahora inactivo, recuerda a un paisaje lunar.

Enfrente, Pico, la montaña que nace del mar con sus viñedos plantados en negros campos de lava, un cultivo único que también está considerado Patrimonio de la Humanidad.

En São Jorge, destacan las fajãs y su queso, especialidad única y de sabor inconfundible. Graciosa de nombre y de apariencia, esta isla verde tiene campos cubiertos de viñas que contrastan con sus peculiares molinos de viento.

En el grupo occidental, en la isla de Flores, deslumbra la belleza de las cascadas naturales y de las lagunas excavadas por volcanes. Corvo, la isla miniatura, tiene en su centro una amplia y bella caldera y atrae a varias especies de aves venidas, no sólo del continente europeo sino también, del americano.

azores

Madeira

En el medio del Atlántico, las islas de Madeira y de Porto Santo son un refugio de belleza natural. Entre el azul del mar y el verde esmeralda de la vegetación destaca el exótico colorido de las flores, en un archipiélago en el que dos tercios de su superficie son área protegida y en el que se encuentra el mayor bosque de laurisilva del mundo.

La temperatura primaveral que se disfruta todo el año invita a la práctica de actividades al aire libre. Pueden realizarse paseos a pie aprovechando la red de senderos por las levadas (conducciones de agua), visitar la ciudad de Funchal y conocer el patrimonio relacionado con la época de los Descubrimientos o, recorrer la isla por libre.

Los paseos en barco son una excelente opción para conocer la costa y disfrutar de una perspectiva diferente.

Madeira ofrece varios balnearios y acceso al mar con buenas condiciones para la náutica de recreo y para el submarinismo. La isla de Porto Santo, en particular, es un lugar muy recomendable para huir del estrés y realizar un programa de talasoterapia.

Las festividades que se celebran a lo largo del año son una oportunidad para disfrutar de los sabores tradicionales de su gastronomía y para conocer Madeira en fiestas.

Entre ellas destacan los desfiles de Carnaval, la Fiesta de la Flor, el Festival Atlántico y, sobre todo, los fuegos artificiales de fin de año.

Madeira

 

   

 

    

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